7 de mayo de 2017

Diana Wynne Jones sobre Louise Cooper

He tenido la suerte de poder hacerme con la edición guay de The Spiral Garden y en ella venía una introducción a la figura de Louise Cooper escrita por otra de nuestras autoras favoritas: Diana Wynne Jones. Obviamente, tengo muchas ganas de presentaros lo que dice de ella, así que,  sin más preámbulos, la primera parte de la introducción, la infancia de Louise Cooper.

Introducción de Diana Wynne Jones
Louise Cooper es una de las autoras fotografiadas por Patti Perret para su Faces of Fantasy nominado al Hugo. Patti hizo su trabajo de forma espectacular. Capturó a cada uno de sus sujetos con una pose tan característica y en un entorno tan sublime que sabías de una mirada cómo era cada persona y además podías conseguir una idea de cómo escribían. La fotografía de Louise (Sí, a mí también me fotografió, según Greer Gilman como una «reina en un trono tallado») dice mucho de ella.


En ella, parece al borde de un extraño paisaje, apenas en su interior, como si fuera casi el diseño de una carta de Tarot. No queda claro si el paisaje es salvaje o está domado, excepto en el hecho de que os oscuros extremos de los árboles parecen haber sido esculpidos para llegar a esa forma. Se sugiere un misterio en la distancia. La propia Lousie, con una pose regia y displicente al mismo tiempo, parece estar diciendo: «Este es mi reino. ¿Quieres venir a echar un vistazo?».
Cuando le pregunté a Louise por esa imagen, resultó que sí era uno de sus reinos. Me explicó que era el jardín de un antiguo monasterio que había sido destruido durante la Reforma. Un poco más allá de la parte fotografiada hay un arco de piedra lleno de estatuas en nichos, cada una descabezada de la época en que fue destruido. Estas estatuas y los extraños árboles, me explicó con la misma displicencia que se ve en la foto, le dieron precisamente la idea para la historia The Spiral Garden: combina los árboles y las estatuas con un giro inesperado. Y así, una escritora nata crea una historia oscura y conmovedora de un paisaje estático.
No hay ninguna duda acerca de si Louise es una escritora nata. Tiene todas las marcas (incluyendo nacer el veintinueve de mayo, que yo creo que era el clímax de la primavera y el verano en los antiguos calendarios, en Herfordshire en 1952). Otra de las señales es empezar pronto y no parar en ningún momento. A los diez años, Louise ya escribía tan bien que sus historias se leían en voz alta en su escuela. Sin embargo, cuando ganó una beca en 1965 àra ña St. Albans High School for Girls, las cosas no fueron tan bien. Escribía historias de fantasmas y de terror, pero desarrolló un apasionado odio hacia la escuela que no me sorprende. Simplemente no me puedo imaginara  Louise en un instituto para chicas, y menos para matemáticas en particular, lo que sí me sorprende ya que Louise fuera una música dedicada y versátil y normalmente estas características van unidas a una fuerte predilección por las matemáticas. Debió tener muy malas profesoras y lo dejó a los quince años, perseguida por las aciagas predicciones de la directora. De darle mucha alegría a Louise haberlas superado con creces.
Para entonces, ya escribía libros completos. Esta es otra marca del escritor nato. Tienes que contar una historia y no puedes dejarla a medias. Louise me confesó que prefería escribir con la longitud de una novela y que no se sentía especialmente cómoda con las historias cortas, aunque, como podéis ver en esta colección, las maneja muy bien. Pero se siente mucho más cómoda cuando puede desarrollar su mundo en uno, tres o nueve libros. Es una característica muy importante de su escritura. Tiene al menos un mundo y varios reinos en su cabeza siempre y necesita explorarlos, luego nos invita a acompañarla.

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