21 de octubre de 2014

Fantasía épica

Seguimos con la ristra de artículos sobre los distintos géneros. O, mejor dicho, subgéneros, ya que apenas nos hemos apartado de la fantasía. Y seguiremos sin hacerlo. En este caso, toca hablar de la fantasía épica, ese subgénero al que ahora todo el mundo pertenece, según algunos. Y voy a hacerlo apoyándome en la división que hacemos en el blog entre fantasía épica moderna y fantasía épica clásica, porque desde mi punto de vista ha habido una clara evolución entre las dos concepciones que merece ser explorada en una relativa profundidad. Probablemente daría para un libro entero, si un académico decidiera estudiarlo, pero por ahora, voy a hacerlo de forma sencilla y sucinta para facilitaros la vida a todos. Que decida hacerlo ahora sobre este subgénero viene de una petición de @Liki_ y del comentario de Irilaya en la reflexión anterior, así que, desde aquí, agradecerles el interés en este estilo de temas.



Lo primero, como siempre, es darle una ubicación dentro de la completa estructura de géneros., hipergéneros y subgéneros. Así, en este caso nos encontramos con un género ubicado en la ficción especulativa, qué sorpresa, ¿verdad?,  más concretamente dentro del género fantástico y finalmente podemos hablar de una separación del subgénero épico en moderno y clásico. Esta separación puede parecer menor, pero es mucho más importante de lo que parece. Obras dentro de la fantasía épica clásica podrían ser Las Crónicas de Narnia, El Señor de los Anillos, las Crónicas de Belgarath y varias otras. Dentro de esta, sin embargo, podemos diferenciar fácilmente estas obras de la fantasía épica más ligera construida a su alrededor, como podrían ser los Reinos Olvidados o la Dragonlance. Finalmente, obras de la fantasía épica moderna serían Juego de Tronos, Crónica del Asesino de Reyes, etcétera. Bien, muchos os preguntaréis a estas alturas por qué considero tan importante esta separación. La separación parte del mismo inicio de la historia, el leitmotiv o razón de ser.

En la épica clásica tenemos a un grupo más o menos uniforme, con más o menos historia de trasfondo que parte en un viaje para luchar contra el mal que acecha unas tierras fantásticas. Así, el viaje de Frodo, el de Garion o el de los múltiples personajes de Narnia se convierten en el epicentro de una lucha antigua entre el Bien, representado por nuestros héroes, y el Mal, representado por sus adversarios. Podemos ver muchas capas más de trasfondo, unos universos mejor o peor construidos, o incluso unas historias secundarias dignas de ser consideradas tales o simples tapices de las paredes, pero el centro de la historia es esa lucha entre el Bien y el Mal en la que la mayor parte de las veces los héroes son meros peones que eligen luchar en esas batallas a pesar del coste. Y, generalmente, el Bien gana. De una manera más absoluta o menos, pero el Bien gana siempre. Muchos os estaréis preguntando por qué no hablo de las grandes batallas ni de los grandes hechos mágicos. Sencillo, en el fondo, eso no es más que decoración para la historia. Sí, el setting es fantástico, pero la lucha sigue siendo el Bien contra el Mal, haya las vueltas que haya. De este modo, todavía podemos encontrar ejemplos de fantasía épica clásica, aunque los llamemos de otro modo, en Percy Jackson, Memorias de Idhún (aunque en este haya un giro hacia el final que podría hablar del cambio hacia la modernidad de este subgénero) o incluso Harry Potter, si pensamos en la cantidad de viajes y pruebas que supera Harry en cada libro. Como veis, he escogido títulos habitualmente tratados dentro de la «fantasía juvenil», incluso los tenemos en esa zona en el blog, porque predomina sobre su cualidad de épica la categoría a la que están dirigidos. Obviamente, aunque mejor lo digo porque si no la gente puede llevarse una idea equivocada, esto no implica en ningún caso un desprecio hacia estas obras sino la adecuación a una búsqueda de los puntos más importantes de cada libro.

¿En qué se diferencia la épica moderna? Pues, como generalmente pasa en la modernidad, las líneas entre el Bien y el Mal se vuelven escurridizas, así, por ejemplo, difícilmente podemos decir que Kvothe es un dechado de virtudes, o que la familia Stark representan el Bien con mayúsculas, sino que vemos el estilo épico en unas batallas que superan aquellas a las que estamos acostumbrados y que podrían convertirse fácilmente en carne de canciones de bardos. Tampoco podemos decir que los rivales de Kvothe (quitando a los Chandrian, e incluso tenemos demasiada poca información sobre ellos) son malvados, simplemente son sus oponentes, o que los Lannister encarnan el Mal.  Ahora en serio, la diferencia es esa precisamente, no hay un Bien ni un Mal, sino grandes implicaciones morales que llevan al lector a replantearse esas fronteras que todos marcamos. Y sangre, generalmente hay mucha sangre. Todavía hay personajes que crecen y se enfrentan a lo que ellos consideran el mal, pero en general no hay una división tan clara entre bien y mal como para considerarlos dos bandos en conflicto claro. De hecho, muchas veces ni siquiera se habla de conflicto en el mismo sentido que en la épica clásica, donde este se veía exteriormente e interiormente, mientras que, a veces, podemos ver obras de este estilo donde el mayor conflicto para los personajes es el interior acerca de sus decisiones. Por cierto, no sabría deciros dónde está el borde entre la moderna y la clásica, en el sentido de qué obra sería la iniciadora de la nueva tendencia así que si alguien tiene alguna idea, bienvenida será.

Ahora bien, muchos podréis decir, ¿y en qué se diferencia esto que nos estás vendiendo de la Espada y Brujería de la que hablabas en la reflexión pasada? La diferencia se encuentra en el conflicto y en la aparición en esta última de la magia como algo desbocado, desconocido y, a fin de cuentas, maligno casi per se. Precisamente ese es uno de los objetos de la fantasía épica que más han cambiado dependiendo de las obras, pero siempre desde un punto de vista claro: la magia no puede ser inexplicable, tiene que haber sistemas, aunque los personajes los desconozcan. En la Espada y Brujería la magia es algo místico cuya única explicación es «porque sí», mientras que en la Épica la magia tiene una labor tanto beneficiosa como maligna, dependiendo del bando que la emplee. Así, sabemos que la magia de los grolim de Belgarath es malvada porque los grolim son malvados, no porque la magia en sí sea malvada. No es más que una herramienta más del mundo. Y esto genera una divergencia muy interesante, ya que al ser una herramienta, nuestros personajes pueden emplearla como tal.

Ahora diréis, ¿no has dicho que solo había Épica moderna y clásica? ¿Por qué tenéis también un apartado para la épica ligera? Sinceramente, sí. Solo hay moderna y clásica, la interpretación de la ligera es bastante clara: es una fantasía épica clásica que no se atiene al nivel literario en su conflicto para considerarla sencillamente clásica. Así, al ver todo lo que nos ofrecen universos como Reinos Olvidados o Dragonlance podemos ver cientos de conflictos entre el Bien y el Mal sin un final claro, puesto que siempre hay una historia más y otros héroes y otros malvados que se alzan para representar de manera inmutable (o casi) la misma obra de teatro en la que el Bien se alzará después de que el Mal golpee con fuerza. Y los buenos siempre ganan, aunque haya alguna baja que lamentar por el camino. No existe esa sensación de conflicto definitivo que sí tienen las otras obras.

Por tanto, como habéis visto, ni he nombrado elfos, ni he nombrado magia ni he hablado de los detalles que todo el mundo asocia con este subgénero, y es que, desde mi humilde punto de vista, la fantasía épica se ha ido adaptando a través de llamar a obras que no tienen esa cualidad. Por eso, y no por otra cosa, a veces me rechina cuando oigo hablar de algunas obras como épicas.

4 comentarios:

  1. Estas charlas sobre los distintos subgéneros me están encantando y así comprendo mejor algunas de las clasificaciones del blog.

    Por fin sé cómo clasificar Canción de Hielo y Fuego. Alguna vez me pregunté cuál sería su género y no sabía si meterlo en Espada y brujería o en fantasía épica, porque no me encajaba en ninguno de los dos cajones. Ahora todo está más claro.

    ¿Vas a seguir haciendo más entradas sobre otros subgéneros? Sería bastante interesante que hablaras de los más importantes.

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    1. Sí, sí, pero el debate entra en que si en CdHyF no hubiera dragones... ¿Seguiría considerándose fantasía? xD

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    2. Me alegro de que te haya gustado.

      Sobre lo de que haya más, por lo menos habrá una explicando la Dark Fantasy. Por lo demás, si hay alguien que quiera que hable de algún subgénero, estaré encantado de hacerlo. Si no, probablemente haga alguno sobre los de ciencia ficción.

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    3. En cuanto a lod e CdHyF sin dragones... También está el famoso cometa rojo, los caminantes blancos, etc... no se trata de un único elemento (aunque en JdT lo parezca) sino de varios elementos más y un ambiente ciertamente fantástico.

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