11 de septiembre de 2014

Reflexión: El Steampunk

Empieza un ciclo de reflexiones basadas en las distintas charlas a las que asistí en la LonCon. Evidentemente, no me voy a quedar simplemente en contaros lo que se dijo en dichas charlas, pues sería de mal gusto por mi parte no incluir las reflexiones que he hecho sobre los puntos que se trataron en ellas. Muchas de las frases de esta aparecieron en mi cuenta de Twitter, pero no mostré en general mi opinión, ni lo que pienso que podría afectar a la literatura en castellano en este asunto. Eso me lo guardaba para, con tiempo, mostrároslo.




Lo primero de lo que me di cuenta cuando entré en la charla fue lo poco que conozco este mundillo. Sin duda no soy el único, pero, puesto que me gusta saber lo máximo posible de toda la literatura alejada de lo habitual (y de la no alejada también pero... en fin, las preferencias son las preferencias), decidí que necesitaba asistir a una charla donde se hablase de las posibilidades del steampunk. Nada más empezar la charla tuve la primera sorpresa. ¿Qué es steampunk? Antes, yo pensaba que simplemente se trataba de un retrofuturismo (no con esa palabra, pero... la idea estaba), es decir, un estilo basado en lo que podría haber sido una evolución tecnológica paralela a la altura del Imperio Británico, es decir, la ¿primera? industrialización. En ese retrofuturismo, la estética y la ciencia se unían para conseguir obtener máquinas muy sofisticadas que al mismo tiempo conseguían mantener un aspecto en el que la funcionalidad no es el primer objetivo. Al mismo tiempo, el hecho de que estuviera en el periodo victoriano implicaba una serie de vestidos —que siempre he considerado especialmente bonitos— y una sociedad fuertemente estratificada. Ahora, muchos os preguntaréis, ¿y por qué steampunk, si todo lo que ha dicho ni tiene vapor ni es punk? Bien, esa primera industrialización vino con el uso del vapor como elemento motriz, lo que lleva a que la mayoría de los elementos de ese retrofuturismo aprovechen esa misma fuente de energía (de una forma más eficiente de lo habitual) o una electricidad proveniente de la evolución Tesla, en vez de elementos como el petróleo o la energía nuclear. Esa era mi idea al principio de la charla. Lo que nunca me había parado a considerar era la parte de punk. Para que nos entendamos, lo punk es una forma de hablar tanto de lo subversivo, aquellas formas que se enfrentan al orden establecido.

Ahora, ¿qué nos encontramos primordialmente en el steampunk literario? Principalmente, una muestra de ese mundo retrofuturista que os digo. Dentro de ese universo, podemos encontrar aventuras, romance y casi cualquier género, aunque predominen esos últimos dos. Por ejemplo, encontré un libro de ladrones ambientado en un universo steampunk con viajes en el tiempo. Quiero decir, que, como muchas veces nos pasa, no debemos confundir el setting o momento  universo en el que está inmerso con el género al que pertenece. El caso es que la literatura steampunk tiene a ser, por lo menos fuera de nuestras fronteras, una literatura que busca romper barreras. Tanto psicológicas, proponiendo universos donde hay matriarcados, o donde los personajes tienen que plantearse muy bien qué están sacrificando por la tecnología, como sociológicos, con personajes que buscan una salida de su clase social. Evidentemente, esto se puede hacer en muchos otros escenarios, pero hay algo acerca del steampunk que incentiva esa lucha y esa concepción del mundo como una zona compleja con grises. No es un mundo sencillo, es un mundo con normas. Quizá es uno de los casos donde muchas de las críticas sociales no son claras y directas para el lector, pero están ahí, esperando que las cojamos y las veamos. Una lástima que no llegue demasiado de esta ambientación a España. Sin duda merecería una visión más completa.

Por otro lado, en la misma charla se habló de otros settings de los que apenas he oído hablar (e incluso he descubierto desde entonces otro gracias a Ánima Barda) y esos son el clockworkpunk, el greenpunk y el dieselpunk (amén de otros varios punk). Cada uno de ellos se sitúa en una época ficticia que emplea tecnologías distintas a las que realmente había en esa época pero que dicen cosas sobre nuestra sociedad, con ese espíritu punk que debe caracterizar todo el movimiento. No nos olvidemos que uno de los primeros movimientos punk fue el ciberpunk (de donde salieron algunas de las obras más extrañas, psicodélicas y apabullantes de la ciencia ficción de la época). Todo esto asombra más todavía si nos fijamos en que las barreras son fluidas, así, mientras el steampunk hemos dicho que parece ser una recreación del Imperio Victoriano, el clockworkpunk sería una recreación del periodo Isabelino. Incluso, me atrevería a decir que tenemos obras como Tormenta que, aunque parece steampunk en un primer momento, más bien deberíamos llamarlo lotuspunk por la fuente de energía que emplea, aunque combine muchas cosas parecidas al vapor. En cualquier caso, se trata de un caso aparte, pero no consigue separar la idea de Imperio (como figura de autoridad perfecta ante la que rebelarse) del punk.

Uno de los puntos más asombrosos de la charla fue esa reivindicación clara de que tenía que tener algo contestatario para ser realmente steampunk, sino simplemente es historia alternativa. Esa barrera, a ojos de un profano como yo, parece bastante fluida, puesto que la mayor parte del esquema parte de un punto de separación en la historia, normalmente invisible o poco importante a ojos del lector, excepto en casos como Leviathan de Scott Westerfeld que sí lo pone bien visible, la llegada de Darwin y su Evolución de las especies. Es decir, lo importante de la historia alternativa es que el experimento sea interesante, y en esto sí tenemos varias obras españolas, que postulan qué hubiera podido ocurrir si hubiera ganado la guerra la República, por ejemplo. O casos como el de Scott Card en Viajeros en el tiempo donde, partiendo de una serie de decisiones sobre la historia extrañas se postula que este futuro al que estamos abocados proviene de la victoria sin rivales de Europa en su conquista de América. O, por ejemplo, el caso de Tiempos de arroz y sal de Kim Stanley Robinson, donde se plantea qué hubiera pasado si toda Europa hubiera perecido a manos de la peste negra. Es decir, hay muchas posibilidades dentro de la historia alternativa, de las que un subgrupo interesante forman parte del movimiento steampunk. Y creo que este también es un punto interesante desde el que construir historias de este estilo. ¿Nunca habéis tenido un profesor de historia que os preguntara «¿qué hubiera pasado si...?»?. Es la mejor forma de comprender cómo afectan los pequeños eventos a la historia general.

No puedo olvidar mencionar que en septiembre, en el marco del festival de fantasía de Fuenlabrada, la editorial Kelonia publicará una antología steampunk de autores españoles que, después de estar en esta charla y con las ganas a tope, no dudaré en agenciarme. Ya os contaré cuando la lea lo que me parece. Obviamente, no es la única obra steampunk que vamos a reseñar para que podáis interesaros por este subgénero, pero es una apuesta española, y creo que eso merece una mención especial, para animar a más autores españoles a explorar las posibilidades tanto de este género como de todas las distintas posibilidades que hay cercanas. Y, según he leído en una entrevista, también en Fantascy vamos a tener nuevos ejemplos españoles de steampunk.

Obviamente, hay un detalle sobre el que apenas he comentado nada sobre la charla y es la forma en que se refieren a un «subcultura» steampunk y... bueno, es básicamente porque no sé nada de la misma. Aunque lo que decían molaba mucho (los trajes que se veían, la tienda de material para prepararse) pero... no sé decir nada. Es un tema de estética y de no conocer a gente involucrada en el mundillo. Sé que hay un encuentro de ese estilo en España la semana siguiente al evento de Fuenlabrada (y que dentro del evento de Fuenlabrada hay bastantes partes de la programación dedicados a eso). Del mismo modo, hay otro detalle importante que no he tratado y es al forma en que se planteaban si podía haber o no steampunk sin el Imperio Británico, es decir, sin ubicarlo en una historia alternativa victoriana. Quizá ahí es donde un steampunk español podría hacer el agosto, situándose lejos del imperio, o colocándose en España (y mostrando lo fallido de esos siglos, que siguen siendo, en cierto modo, los mismos errores de la actualidad). Por cierto, cabe destacar que un buen periodo de la charla consistió en definir qué es realmente steampunk.

En definitiva, si queréis una literatura que se aleje de lo habitual, hay muchos autores steampunk que os ofrecen precisamente eso, una distancia clara de los subgéneros habituales de la fantasía y de la ciencia ficción, porque no podemos olvidar que gran parte del steampunk es «impuro» permitiendo, y agradeciendo en algunos casos, que se incluya una parte de la mitología o de la fantasía y de la magia en su mundo tecnológico. Así, casos como Aleación de Ley o incluso Iron Fae podrían entrar en esta vertiente del steampunk que se codea con la fantasía. Y son muestras claras del buen efecto que esta mezcla consigue. Así que ya sabéis, dadle una oportunidad al steampunk, puede sorprenderos muy gratamente.

3 comentarios:

  1. Me faltan enlaces... Y más opinión. (E incluso más obras).
    La reflexión me ha parecido, sobre todo, eso de lo que querías alejarte: una introducción al steampunk y resumen de la conferencia ^^u
    Pero no está mal. Una explicación e intro de lo que es y de lo que nos estamos perdiendo.

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  2. Como persona metida un poco más en el movimiento literario del steam español, te digo: aquí hay muchos problemas a la hora de llegar a esa definición anglosajona de "reimaginar el mundo". Primero, porque aunque antologías steam no hay tantas (Ácronos 1 y 2, planes B, la de nevsky y alguna más, pero poquitas) y obras de un solo autor menos, muchos ya consideran que el steam ya es un mercado saturado (en ESpaña, te digo) y que el hecho de tratar de hacer algo diferente (tirando más al fantasy que a la cifi, por ponerte un ejemplo personal :P), ya se aleja demasiado del steam original; o incluso que sean historias con final agridulce ya puede no gustar, porque el steampunk se concibió como una visión romántica y optimista de la tecnología y similares :P.

    Por lo tanto, nos encontramos con que dentro del mismo género hay muchas pegas de lectores, escritores... cualquiera que ando por ahí más purista. Esto hace que, la definición de tratar de investigar y ver qué sale o tender a usar una base más histórica, que científica (que la primera me resulta más interesante, científicamente el vapor da para lo que da), no se da tantísimo aquí.

    Tampoco se puede decir que el mercado editorial ande ahora muy abierto a estas nuevas tendencias, pero eso ya nos da en otro debate :P. Xa-LFDM

    PD: hale, si quieres más steam, ya te he dicho unas cuantas cosillas XD

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  3. De lo poco que he leído de steampunk, admito que lo que más me gusta es el uso innovador de la tecnología "a la antigua". Es creativo y da para mucha aventura ;o)
    Besotes a vapor.

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