23 de agosto de 2013

Capítulo 2 de Austenland

Tras mucho tiempo después, y con la noticia de que este libro tendrá adaptación cinematográfica dentro de un mes (¿veremos el libro en España ─y sus continuaciones─ gracias a eso?) retomamos la traducción de este proyecto, esperando que os guste. Por el retraso y toda la espera e inconvenientes que os hemos causado no esperamos comentarios (a ver si la psicología inversa funciona esta vez). Así que, disfrutad simplemente de este nuevo capítulo.



Traducido por: Khardan
Editado por: Alexia

Capítulo 2

Hace seis meses.

La tía abuela Carolyn ha fallecido.
─¡Y estás en el testamento, querida! ─dijo su madre, desde Vermont─. Al parecer nuestra comida de último minuto funcionó. El abogado te llamará. ¡Llámame en cuanto sepas la cantidad!
Jane colgó y se sentó, obligándose a no pensar en el testamento. Gastó unos momentos pensando en la mujer que había amado el rostro de Harold, que había malgastado tres décadas de amor, que había abierto por la fuerza el corazón de Jane y mostrado lo que veía. No había conocido a Carolyn lo suficiente como para sufrir, solo como para sentir un suave asombro con la idea de la muerte. Y aún así, Carolyn se había acordado de ella lo suficiente como para introducir su nombre en el testamento. ¿Qué podría dejar a un familiar casi desconocido? Carolyn tenía una gran familia así que la cantidad no podía ser muy grande. Sin embargo, los rumores de la riqueza de su tía abuela eran legendarios. ¿Lo suficiente como para mudarse a un piso con aire acondicionado? ¿Lo suficiente como para jubilarse?
Jane se sobresaltó con el pensamiento. No le gustaba tanto su trabajo. No era un mal trabajo, hacer diseño gráfico en la revista, pero era, ya sabes, un trabajo. No podía quitarse un pilar de estabilidad tan bueno. Un lugar donde ir cada día, algo que no le quitase la alfombra de debajo de los pies y la mandase tambaleándose al suelo (no como los hombres). Pero en el camino en metro a la oficina del abogado, Jane fantaseó. ¿Si la tentasen con una suma enorme, se retiraría? ¿Se iría de su trabajo y compraría una casa en los Hamptons y adoptaría un cachorro en miniatura llamado Crema que se mearía en la alfombra?
Esas preguntas y otros nombres para el cachorro mantuvieron su mente ocupada mientras subía por el elegante edificio gris del despacho de abogados, hasta llegar a una oficina conservadora de tonos burdeos y canela, donde se sentó en una silla de cuero cómoda para oír a un abogado extraordinariamente pálido decir:
─Usted no es rica.
─¿Qué?
─De hecho, ella no le ha dejado nada de dinero ─Cada pestañeo era lento y deliberado, lo que a Jane le recordaba a un sapo─. La gente a veces tiene esperanzas, así que me gusta dejarlo claro desde el principio.
Jane se rió avergonzada.
─Oh, no estaba pensando en eso.
─Por supuesto ─El abogado se sentó y revolvió un grupo de papeles sin malgastar ni un movimiento. Estaba diciendo algo en abogadés, pero Jane estaba distraída. Estaba intentando descubrir qué era lo que, aparte del parpadeo medido, le hacía parecer tan anfibio. Su estirada y brillante complexión, decidió. Y que sus ojos estuvieran tan separados. Y su piel verde ensalada. (Vale, no era realmente verde, pero el resto era verdad).
Seguía hablando.
─Nuestra cliente fue... ecléctica... en su testamento. Hizo compras para unos pocos amigos y miembros de la familia y dejó la mayor parte de su dinero a la caridad. Para usted, preparó unas vacaciones.
Le entregó un brillante panfleto de tamaño exagerado. En la cubierta estaba la fotografía de una gran mansión. Un hombre vestido de chaqueta, corbata y pantalones de monta, y una mujer engalanada con un vestido de cintura imperial y sombrero estaban caminando en primer plano. Parecían extremadamente contentos. A Jane le entró un sudor frío.
Leyó el texto elegantemente insertado:

Pembrook Park, Kent, Inglaterra. Atraviese nuestras puertas de casa de invitados para estar tres semanas, disfrutando de los modales y la hospitalidad de época, una visita para el té, un baile o dos, un paseo por el parque, el inesperado encuentro con un determinado gentilhombre, todo culminado con un gran baile y tal vez algo más.
Aquí, Inglaterra continúa viviendo como si fuera la época del Príncipe Regente. Sin guiones. Sin finales preestablecidos. Unas vacaciones que nadie más puede ofrecerle.

─No lo pillo.
─Son unas vacaciones de tres semanas con todo incluido en Inglaterra. Por lo que tengo entendido, te disfrazas y pretendes ser alguien de 1816 ─El abogado le dio un paquete─. Viene con un billete de primera clase incluido. Las vacaciones no se pueden cancelar ni conseguir su valor; mi cliente se aseguró de ello. Pero si necesita dinero, puedo cambiar el billete de primera clase por uno de tercera y conseguir la diferencia. Hago esta sugerencia siempre que puedo. Me gusta ser de ayuda.
Jane no había levantado la mirada del panfleto. El hombre y la mujer de la foto atrapaban su mirada como el reloj de un hipnotista. Los odiaba y los adoraba, deseaba con desesperación ser esa mujer pero necesitaba quedarse firmemente atada a la Nueva York del presente y fingir que no tenía fantasías tan extrañas. Nadie intuía sus pensamientos, ni su madre, ni sus amigos más cercanos. Pero la tía abuela Carolyn sí.
─Cambie los billetes ─dijo distraídamente.
─Asegúrese de comunicarlo al IRS*
─Por supuesto ─Parecía extraño que Carolyn señalara este fallo de su pobre y patética bis-sobrina y después la mandara directamente a la boca del lobo. Jane gruñó.
─No tengo remedio.
─¿Qué ha querido decir?
─Uhm, ¿lo he dicho en voz alta? En cualquier caso, no es que no tenga esperanza, ese es el problema. En todo caso tengo demasiada ─Se levantó, apoyándose en su escritorio─. Si te contase las historias de mi primera docena de novios, me llamarías chiflada por siquiera intentar salir con alguien otra vez. ¡Pero lo he hecho! Tengo la cabeza tan dura que me ha llevado todo este tiempo rendirme con los hombres, pero no puedo rendirme del todo, ¿sabes? Así que yo... yo canalizo todas mis esperanzas en una idea, en alguien que no me puede rechazar. ¡Porque no es real!
El abogado colocó de nuevo el montón de papeles.
─Creo que debería aclarar una cosa, señorita Hayes: no pretendía flirtear. Soy un hombre felizmente casado.
Jane se quedó con la boca abierta.
─Uh, por supuesto que lo es. Error mío. Me voy a ir ahora.
Cogió su bolso y se marchó.
El ascensor la dejó en el bajo, e incluso tras salir por las puertas, el suelo todavía parecía que se estuviera alejando de sus pies. Anduvo todo el camino de vuelta al trabajo y se dejó caer a su silla gris giratoria.
Todd, su jefe, llegó a su cubículo en el momento en que su silla crujió.
─¿Cómo estás, Jane? ─Le preguntó con su algo amanerado acento de los Soprano.
─Bien.
Ella le miró fijamente. Tenía un nuevo corte de pelo. Su cabello rubio platino estaba salteado con una  increíble cantidad de gomina que olía a frambuesa, un peinado que solo podía llevar con auténtico éxito un chico de quince años con una mirada oscura fija e intimidante. Todd estaba sonriendo. Y tenía cuarenta y tres años. Jane se preguntó si la cortesía la obligaba a ofrecer un cumplido por algo tan absurdamente obvio.
─Uh, tu... tu peinado es diferente.
─Ey, las chicas siempre se fijan en el pelo, ¿verdad? ¿Pero no lo hacen todas?
─Creo que acabo de demostrarlo ─dijo con tono triste.
─Fantástico. Ey, escucha ─Se sentó en el borde de su escritorio─. Vamos a tener un último añadido que necesita tu atención de manera especial. Puede parecer un álbum de fotos común y corriente, ¡pero que no te engañe! Esto es para la importantísima distribución de la página dieciséis. Le daría esto a cualquier becario, pero te estoy escogiendo porque creo que harás un trabajo fantástico. ¿Qué me dices?
─Por supuesto, Todd.
─Fan-tás-ti-co ─Levantó los dos pulgares y los mantuvo ahí, sonriendo, sus ojos sin parpadear. Después de un momento, Jane se encogió avergonzada. ¿Qué quería que hiciera? ¿Se suponía que tenía que chocar los pulgares? ¿Pulgar con pulgar? ¿Los estaba dejando ahí simplemente para enfatizar?
El silencio se aposentó. Al final, Jane optó por levantar sus propios pulgares espejando el gesto de Todd.
─Genial, milady Jane ─asintió, aún con los pulgares levantados, y los mantuvo así mientras se alejaba. Por lo menos no le había vuelto a pedir salir. ¿Por qué parecía que cuando deseaba desesperadamente un hombre todos estaban casados pero, cuando se rendía, tantos estaban extrañamente solteros?
Tan pronto como la colonia de Todd se disipó, Jane buscó en Google Pembrook Park. Había parques
con ese nombre diseminados por los Estados Unidos, pero nada austeniano y nada inglés. Un par de crípticas menciones en blogs parecían referirse al Pembrook de Jane, como una bloguera llamada morena'y'divertida.
«Estoy de vuelta de Pembrook Park, el segundo año que voy. Ha sido incluso mejor que el primero, especialmente por el baile... pero firmé un contrato de confidencialidad, así que eso es todo lo que puedo decir públicamente.»
Ningún artículo en Wikipedia acerca del elusivo local. Ninguna foto. Era el Área 51 de los sitios de vacaciones.
Golpeó ligeramente su cabeza contra el monitor.
La pregunta ¿debería ir? la persiguió durante toda la tarde. Jane sin duda tenía las suficientes horas de vacaciones ahorradas. Tenía un paquete de beneficios impresionante que incluía tres semanas de asueto** al año, y rara vez las empleaba. Y además: No retornable. Era una buena y sólida palabra, una que no podías masticar, que solo se disolvía después de haber tragado lentamente.
Jane discutió con sus pensamientos, y sus pensamientos la respondieron mientras rastreaba a través de las bases de datos de fotos para el fantástico proyecto de Todd. Palabras de búsqueda: mujer sonriente. 2317 resultados, demasiados para investigar. Acotar resultados de búsqueda: mujer de negocios sonriente. 214 resultados. Acotar resultados de búsqueda: mujer de negocios sonriente en la veintena.
Y, de repente, ahí estaba el rostro de Jane en su propio monitor, como la fotografió el exnovio número 7, el artista delincuente. Se había encontrado con esa foto antes, pero esta vez no era un buen momento. Ahí estaba ella, mareada con su propia estupidez, vulnerabilidad y otras cosas de psicólogos, para enfrentarse repentinamente a su propio rostro años más joven... Bueno, ugh, era un recordatorio desagradable de que ya entonces era estúpida y vulnerable. No había cambiado. Había permanecido durante años hundida hasta las rodillas en el mismo lodo de romance, y ya ni le preocupaba siquiera.
Tras completar la matriz de fotos, y dos viajes de tren, Jane se dejó caer en el sofá de Molly en Brooklyn, manteniendo un ojo sobre los gemelos que luchaban entre bloques de madera, y el otro ojo escondido en una almohada. Levantó su brazo y agitó el papel como si fuera una bandera blanca. Molly se lo quitó de las manos y lo leyó.
─Así que ha llegado a esto ─dijo Molly.
─Ayuda ─gimió Jane.
Molly asintió.
─No sé, Jane, ¿de verdad crees que deberías someterte a algo así? ... ¡Buen trabajo, Jack! ¿Has puesto tú así los bloques? Eres un chico tan listo, mi gran chico listo... Puede que las cosas se vuelvan peores. Puede que te rindas a un símil del señor Darcy para siempre.
Jane se puso recta.
─¿Así que sabes lo mal que estoy? ¿Todo el tema de Darcy?
Molly puso una mano en su pierna.
─Cariño, yo no te culpo. Has tenido malísima suerte con toda esa mier- caquita del romance ─dijo, mejorando sus palabras al mirar a los niños. Hannah había conseguido meter ambos dedos en su nariz y gateaba hacia Molly para enseñarle su nuevo truco.
¿Así que has encontrado los agujeros de tu nariz? ¡Qué niña más lista! ¿Janie, te vas a poner triste si te digo esto? ¿Debería decirlo?
─Dilo.
─Está bien ─respira profundamente─ esta obsesión...
Jane gruñó ante la palabra y enterró su cabeza en la almohada.
─... ha estado desarrollándose desde que estábamos en el instituto. Solía fantasear con lanzarme a los brazos de Darcy yo misma, pero tú lo has convertido en tu carrera. Te has visto forzada a ello por una cantidad horrible de malas relaciones, es cierto, pero el último par de años...
─Lo sé, lo sé ─Jane murmuró hacia la almohada─. He estado fatal, me he saboteado a mí misma y no podía verlo en ese momento, pero ahora puedo, así que tal vez ya estoy bien.
Molly se detuvo.
─¿Estás bien?
Molly negó con la cabeza, moviendo la almohada al mismo tiempo.
─¡No! Estoy aterrada de volver a hacerlo. Tengo tanto miedo de estar rota, de ser rechazada... y ni siquiera estoy segura de lo que estoy haciendo mal. ¿Qué debería hacer, Molly? Por favor, dímelo.
─Oh, cariño...
─Oh, oh.
Molly carraspeó y adoptó su tono de voz más amable.
─¿Te das cuenta de que te refieres a cualquier chico con el que has tenido una cita como «novio»?
Jane lo sabía. De hecho, había numerado a sus novios de uno a trece y se había referido a ellos como números en su mente. Ahora se sentía aliviada de no haber mencionado nunca esa parte a Molly.
─En realidad no es normal hacer eso ─dijo Molly─. Es algo... extremo. Casi que obliga a tener expectativas a una relación antes siquiera de que empiece.
─Ajá ─Fue todo lo que pudo sacar Jane de respuesta, incluso a su mejor amiga. Esto era un tema crudo y molesto. Hace un par de años, había jugueteado con la idea de tener un terapeuta y, aunque al final había decidido que simplemente no era el tipo de chica que iba a terapia, había descubierto una cosa sobre sí misma: A una edad muy temprana, había aprendido a amar de Austen. Y de acuerdo a su inmadura comprensión en ese momento, en el mundo de Austen no había algo que fuera un «rollo». Todo romance estaba destinado a llegar hasta el matrimonio, incluso el flirteo era únicamente un modo de encontrar a esa pareja a la que aferrarte para siempre. Así que, para Jane, cuando cada una de sus relaciones acababa, la esperanza de que aquél fuera el elegido se rompía en pedazos y lo sentía tan brutal como si se estuviera divorciando.
¿Algo intensa, no Jane? Oh, sí. ¿Pero qué le vas a hacer?
─Jane ─Molly acarició su brazo─. ¡Tienes tantas cosas en marcha! No necesitas este Pembrook Park, y definitivamente no necesitas a un señor Darcy.
─Lo sé. Quiero decir, ni siquiera es real. No lo es, no lo es, sé que no lo es, pero tal vez...
─Ni tal vez ni nada. No es real.
Jane gruñó.
─Pero no quiero tener que conformarme...
─Siempre lo haces, todos los tíos con los que has salido eran conformarte.
En ese momento, Jane se irguió.
─Ninguno de ellos me amaba, ¿verdad? Nunca. A algunos les gustaba, o les convenía pero... ¿de verdad soy tan patética?
Molly le acarició el pelo.
─No, por supuesto que no ─dijo, lo que significaba: «Sí, pero te quiero igualmente»
─Agh ─suspiró Jane─. No sé qué hacer. No me fío de mí misma. Quiero decir, ¿cómo supiste con seguridad que Phillip era el hombre adecuado?
Molly se encogió de hombros. Era el mismo movimiento que habían hecho sus hombros en el campamento de verano dieciocho años antes cuando Jane había preguntado «¿Te comiste todas mis nubes?». El mismo que había hecho cuando Jane adoptó el estilo New Wave en sexto y preguntó «¿Cómo me queda?». Molly había renegado de sus días de indecisión en la universidad y había jurado que sería una sincera y honesta mujer para siempre, pero ahí estaba ese incierto encogimiento otra vez.
Jane la miró fijamente.
─No te atrevas, señora Molly Andrews-Carrero. ¿Qué fue? Dímelo. ¿Cómo supiste que Phillip era el elegido?
Molly se quitó un poco de salsa de espagueti seca de sus pantalones.
─Él... él me hace sentir la mujer más hermosa del mundo, todos los días de mi vida.
Nunca lo admitiría, pero esas palabras hicieron que a Jane estuvieran a punto de saltársele las lágrimas.
─Guau. Nunca me habías dicho eso. ¡¿Por qué no me lo has dicho antes?!
Molly empezó a encogerse de hombros, entonces se detuvo.
─No es algo que le cuentes a tu mejor amiga soltera. Sería como restregarte por la cara la mierda de mi felicidad.
─Si no te quisiese, te daría una bofetada ─Jane lo reconsideró y le lanzó una almohada a la cara a Molly─. Tienes que decirme estas cosas, perdedora. Tengo que saber lo que es posible.
«Y lo que es imposible», pensó Jane.
─¿Estás bien? ─preguntó Molly.
─Sí, lo estoy. Porque he decidido abandonar a los hombres para siempre.
─Venga, otra vez no. Cariño...
─Lo digo en serio esta vez. Ya estoy harta. En el fondo de mí sé que no voy a encontrar nunca a mi Phillip y toda esta esperanza y espera me está matando ─Aspiró una vez─. Esto es bueno, Molly. Ya lo verás. Es el momento de abrazar la soltería. El momento para...
Hannah cogió el papel brillante y se lo dio a Jane, cayéndose en su regazo. Era tan agradable y perfecto tener a la niña así, como si se calentase las manos en una taza de chocolate caliente, y con el placer habitual que venía de sostener al niño de otro, que Jane sintió ese extraño dolor en sus entrañas, ese feo empujón que le decía que podía ser que ella nunca tuviera uno propio.
─Mis ovarios me están gritando ─dijo Jane.
─¡Lo siento, cariño! –dijo Molly desde la cocina.
─Libro ─Hannah agitó el panfleto y lo miraron juntas.
─Hay una casa ─dijo Jane─ ¿Dónde está el hombre? ¡Eso es! ¿Y dónde está la mujer? Sí, esa sería yo. ¿Sabías que tu tiíta Jane es una crédula? ¿Que secretamente quiere ser otra persona de otro tiempo y ser amada por un personaje de ficción en un libro? ¿Y que odia esa parte de sí misma? ¡Bien, pues nunca más!
─Fin –dijo Hannah. Cerró el folleto, se alejó del regazo de Jane, y se fue en busca de algo más interesante mientras cantaba–. Hippo, hippo.
Jane volvió a tumbarse boca abajo, pero esta vez se puso la almohada bajo la cabeza. Vale, está bien, iría. Sería su último intento. Como su amiga Becky, que se había ido en un viaje de todo-lo-que-puedas-comer la noche antes de una operación de estómago. Jane iba a tener un último vivirlo-al-máximo y después iba a dejar a los hombres por completo. Disfrutaría de su fantasía, tendría una experiencia alucinante, y después lo enterraría todo para siempre. No más Darcy. No más hombres, punto. Cuando llegase a casa se convertiría en una mujer perfectamente normal, contenta de estar soltera, feliz consigo misma.
Incluso tiraría los DVDs.

*IRS: La Hacienda norteamericana
**Utiliza la palabra británica “asueto” en sus pensamientos, signo temprano de que ya había decidido irse.

7 comentarios:

  1. Pedazo de trabajo que os dais con las traducciones! O_O He estado siguiendo las novedades sobre libros basados en obras de Jane Austen en el blog The Book Rat, y justo mencionaban Austenland.
    Besotes de ánimo.

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  2. Muchas gracias por la traducción. Espero que de verdad esta obra llegue a España ahora que han hecho la version cinematográfica.
    Un trabajo estupendo de traducción. Gracias.

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  3. Hola. Tienen más capítulos traducidos de esta novela? :)

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  4. Cuando publican el siguiente capítulo?

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  5. Por favor, continúen <3

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  6. Estamos en ello, estamos en ello. Complejidades y trabajos aparte

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  7. Estimada Khardan:
    Me he dado cuenta que no puedo seguir viviendo si no puedo leer este libro. Desde el fondo de mi corazón, por favor, sigan traduciendolo!!!!

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