28 de julio de 2012

Capítulo 4 de Anna y el beso francés

Como ya dijimos en el capítulo 3, Plataforma Neo va a sacar en septiembre este libro bajo el nombre de Un beso en París. Por tanto, cancelamos la traducción con este capítulo y esperamos poder traeros muy pronto un concurso relacionado para haceros con el libro. ¡Comentadnos qué os parece la historia y la traducción!
Si aún no sabéis de qué va Anna y el beso francés, o no habéis leído el capítulo anterior, podéis ir a su ficha para ver de qué va.



TraducciónKhardan
Edición: Alexia

Capítulo 4

La fila de la H a la P se mueve lentamente. El chico que está delante de mí discute con su orientador escolar. Miro hacia la fila de la A a la G, y veo que Meredith (Chevalier) y Rashmi (Devi) ya han recibido sus horarios de clase y los han intercambiado para compararlos.
–Pero yo no pedí teatro, pedí informática.
La rechoncha consejera es paciente.
–Lo sé, pero informática no cuadraba con tu horario y su alternativa sí. Tal vez puedas hacer informática el próximo...
–Mi alternativa era programación.
Espera un segundo. 
Pongo toda mi atención en lo que oigo. 
¿Pueden hacer eso? ¿Ponernos en una clase que no pedimos? Moriré, MORIRÉ, si tengo que hacer gimnasia de nuevo.
–En realidad, David –La consejera rebusca en sus papeles–, no rellenaste el formulario de alternativas, así que tuvimos que elegir tu clase por ti. Pero creo que descubrirás...
El chico enfadado arranca el horario de sus manos y se larga. Ugh. No es como si fuera error suyo.
Doy un paso adelante y digo mi nombre tan amablemente como puedo, para compensar por el idiota que se acaba de ir. Me devuelve una sonrisa amistosa.
–Te recuerdo, corazón. Ten un buen primer día.
Y me da media hoja de papel amarillo.
Contengo la respiración mientras la estudio. 
Fiu. Sin sorpresas. Inglés avanzado, cálculo, francés para principiantes, física, historia de Europa y algo dudosamente llamado «La Vie».
Cuando me matriculé, la consejera describió «vida» como una asignatura solo para veteranos, parecido al aula de estudio pero con ocasionales profesores invitados que nos hablarán sobre equilibrar gastos, y alquilar apartamentos, y cocinar quiches. O lo que sea. Simplemente estoy aliviada de que Mamá me dejase elegirla. Una de las cosas decentes de esta escuela es que las matemáticas, ciencias y la historia no son obligatorias para los veteranos. Desafortunadamente, Mamá es una purista y se negó a dejarme graduarme sin dar otro año de las tres.
–Nunca entrarás en la universidad adecuada si hacer cerámica. –Me avisó, frunciendo el ceño al ver el paquete de optativas.
Gracias, Mamá. Envíame lejos para conseguir cultura a una ciudad conocida por sus artes y hazme sufrir otra clase de matemáticas. Me muevo hacia Meredith y Rashmi, sintiéndome una acoplada pero rezando por tener alguna clase compartida. Tengo suerte.
–¡Tres conmigo y cuatro con Rash! –suelta Meredith y me devuelve el horario. Sus anillos de plástico del color del arco iris chocan entre sí.
Rash*. Qué mote más desafortunado. Cotillean acerca de gente que no conozco y mi mente vaga hacia el otro lado del patio, donde St. Clair espera con Josh en la fila de la Q a la Z. Me pregunto si tendré alguna clase con él.
Quiero decir, ellos. Clases con ellos.
La lluvia ha parado, y Josh le da una patada al barro en dirección a St. Clair. Él ríe y dice algo que les hace reír aún más fuerte a ambos. De repente, me doy cuenta de que St. Clair es más bajo que Josh. Mucho más bajo. Es raro que no me diese cuenta antes, pero no se mueve como si fuera un tipo bajo. La mayoría son tímidos o se ponen a la defensiva, o alguna extraña combinación de ambas, pero St. Clair es seguro de sí mismo y amistoso y...
–Dios, se te van a salir los ojos.
–¿Qué? –Giro la cabeza, pero Rashmi no me está hablando a mí. Está negando con la cabeza hacia Meredith, que parece tan ensimismada como yo me siento.
–Estás clavándolos en la cabeza de St. Clair. No es atractivo.
–Cállate –Pero Meredith me sonríe y se encoje de hombros.
Bueno, eso lo deja todo claro. Como si necesitara otra razón para no derretirme. El Chico Maravilla está oficialmente fuera de mi alcance.
–No le digas nada, por favor.
–Por supuesto.
–Porque obviamente solo somos amigos.
–Obviamente.
Dimos una vuelta hasta que llegó la directora para dar su discurso de bienvenida. Es grácil, y se mueve como una bailarina de ballet. Tiene un cuello largo, y su cabello del color de la nieve está arreglado en un moño perfecto que hace que parezca distinguida en vez de mayor. El efecto en general es parisino, aunque sé por mi carta de aceptación que es de Chicago. Su mirada se desliza sobre nosotros, sus cien pupilos escogidos a dedo.
–Bienvenidos a otro emocionante año en la Escuela Americana de Paris. Me alegra ver tantas caras conocidas, y aún más ver caras nuevas.
Por lo visto, los discursos escolares es una de las cosas que Francia no puede mejorar.
–A los estudiantes que asistieron el año pasado, les invito a dar una cálida bienvenida a la nueva clase de novatos y a los nuevos mayores también.
Una noción de educados aplausos suena. Miro alrededor, y me asombra ver que St. Clair me está mirando. Aplaude y levanta sus manos en mi dirección. Me sonrojo y miro para otro lado. La directora sigue hablando. Céntrate, Anna. Céntrate. Pero siento su mirada como si fuera el calor del sol. Mi piel se humedece con sudor. Me deslizo bajo uno de los árboles inmaculadamente recortados. ¿Por qué me está mirando? ¿Sigue mirándome? Creo que sí. ¿Por qué, por qué, por qué? ¿Es una mirada buena, mala o indiferente?
Pero cuando finalmente miro, no me está mirando para nada. Se está mordiendo la uña del meñique.
La directora termina, y Rashmi sale disparada a reunirse con los chicos. Meredith me lleva dentro para clase de Inglés. El professeur aún no ha llegado, así que elegimos asientos al fondo. La clase es más pequeña de lo que estoy acostumbrada y tiene ventanas altas y oscuras, relucientemente elegantes, que parecen puertas. Pero las mesas son las mismas, y la pizarra y el sacapuntas montado en la pared... Me concentro en esos objetos conocidos para relajar mis nervios.
–Te gustará la Professeur Cole –dice Meredith–. Es hilarante y siempre manda los mejores libros.
–Mi padre es un novelista –lo suelto sin pensar e inmediatamente me arrepiento.
–¿De verdad? ¿Quién?
–James Ashley –Ese es su seudónimo. Supongo que Oliphant no era lo suficientemente romántico.
–¿Quién?
El factor de humillación se multiplica.
–¿La Decisión? ¿La Entrada? Han hecho películas de ellas. Olvídalo, todos tienen nombres vagos que...
Se inclina hacia delante, emocionada.
–No, ¡mi madre adora La Entrada!
Arrugo la nariz.
–No son tan malas. Vi La entrada con ella una vez y realmente lloré cuando la chica muere de leucemia.
–¿Quién murió de leucemia? –Rashmi suelta su mochila a mi lado. St. Clair la sigue y toma el asiento delante del de Meredith.
–El padre de Anna escribió La Entrada –dice Meredith.
Toso. No es algo de lo que me sienta orgullosa.
–Lo siento, ¿Qué es La Entrada? –pregunta Rashmi.
–Es esa película sobre un chico que ayuda a traer al mundo a un bebé en el ascensor, y cuando crece se enamora de ella –dice Meredith mientras St. Clair se inclina en su silla y agarra su horario–, pero el día de su boda, le diagnostican leucemia.
–Su padre la empuja por el pasillo en silla de ruedas –continúo–. Y entonces muere en su luna de miel.
–Ugh –dicen al mismo tiempo Rashmi y St. Clair.
Suficiente vergüenza.
–¿Dónde está Josh? –pregunto.
–Es de segundo año –dice Rashmi, como si yo debiera saberlo–, le hemos dejado en pre-cálculo.
–Oh –Nuestra conversación llega a un punto muerto. Adorable.
–Tres clases juntos, Mer. Dame el tuyo –St. Clair vuelve a inclinarse y me roba la media hoja–. Oooh, Francés para principiantes.
–Te lo dije.
–No está tan mal –Me devuelve el horario y sonríe–. Estarás leyendo el menú del desayuno sin mí antes de que te des cuenta.
Mmm, quizá no quiero aprender francés.
¡Agh! Los chicos convierten a las chicas en idiotas.
Bonjour a tous –Una mujer que lleva un atrevido vestido turquesa entra y deja su taza de café en el podio. Es jovencilla, y tiene el cabello más rubio que he visto en un profesor–. Para la... –Sus ojos escanean la habitación hasta detenerse en mí.
¿Qué? ¿Qué he hecho?
–Para la única persona que no me conoce, je m'appelle Professeur Cole –Hace una reverencia exagerada y la clase se ríe. Se giran para observarme.
–Hola –digo en una voz diminuta.
Las sospechas se confirman. De las veinticinco personas presentes, la clase de veteranos al completo, soy la única nueva. Esto significa que mis compañeros tienen otra ventaja más sobre mí, porque todos conocen a los profesores. La escuela es tan pequeña que cada asignatura la enseña el mismo professeur en los cuatro cursos.
Me pregunto qué alumno se habrá marchado para dejar libre mi sitio. Probablemente alguien más chulo que yo. Alguien con rizos y tatuajes de chicas de pinup y conexiones con la industria musical.
–Veo que los conserjes han ignorado mis deseos otra vez –dice Professeur Cole–. Todos arriba, ya sabéis lo que hay que hacer.
Yo no, pero empujo mi mesa cuando los demás empiezan a empujar las suyas. Las colocamos en un gran círculo. Es raro ver a todos mis compañeros al mismo tiempo. Aprovecho la oportunidad para medirles. No creo que sobresalga, pero sus vaqueros, zapatos y mochilas son más caros que los míos. Parecen más limpios y brillantes.
No me sorprende. Mi madre es una profesora de instituto de biología, lo que no nos da mucho dinero extra para gastar. Papá paga la hipoteca y ayuda con las facturas, pero no es suficiente, y Mamá es demasiado orgullosa para pedir más. Dice que él se lo negaría en cualquier caso, e iría a comprar otra máquina innecesaria.
Puede que haya algo de verdad en eso.
El resto de las clases de la mañana pasan como por ensalmo. Me gusta Professeur Cole, y mi profesor de matemáticas, Professeur Babineaux, es bastante majo. Es parisino, y mueve las cejas y escupe cuando habla. Para ser justos, no creo que el escupir sea una cosa de franceses. Creo que simplemente cecea. Es difícil de decir con el acento.
Después de eso, tengo francés para principiantes, Professeur Gillet resulta ser otro parisino. Imagínate. Siempre mandan hablantes nativos para las clases de otras lenguas. Mis profesores de español siempre estaban poniendo los ojos en blanco y exclamando «¡Ay, Dios mío!»** cuando levantaba la mano. Se frustraban cuando no podía captar un concepto obvio para ellos. Dejé de levantar la mano.
Como predije, la clase era un grupo de novatos. Y yo. Oh, y uno de segundo año; el tipo enfadado del horario de esta mañana. Se presenta entusiasmado como Dave, y puedo darme cuenta de que está aliviado de no ser el único «no-novato». Tal vez Dave es bastante interesante después de todo.
A mediodía, sigo la estampida hacia la cafetería. Evito la fila principal y voy directamente al cajero con tu «elige-tu-propia-fruta» y pan, a pesar de que la pasta huele de maravilla. Soy tan cobardica... Antes muero de hambre que intentar pedir en francés.
¡Oui, Oui! –diría señalando palabras al azar en la pizarra. Entonces el Chef Bigotes me mostraría algo asqueroso, y tendría que comprarlo por vergüenza. ¡Por supuesto que quería pedir la paloma asada! ¡MMM! Justo como la de la abuela.
Meredith y sus amigos estaban relajados en la misma mesa que esta mañana. Inspiré fuerte y me uní a ellos. Para mi tranquilidad, nadie pareció sorprenderse. Meredith le preguntó a St. Clair si había visto ya a su novia. Se relajó en su silla.
─No, pero nos encontraremos esta noche.
─¿La has visto durante el verano? ¿Han empezado sus clases? ¿Qué asignaturas tiene este semestre? ─Sigue haciendo preguntas sobre Ellie a las que él responde sucintamente. Josh y Rashmi se están enrrollando, de hecho puedo ver sus lenguas, así que me dedico a mi pan y uvas. Qué bíblico por mi parte.
Las uvas son más pequeñas de lo que estoy acostumbrada, y su piel tiene una textura extraña. ¿Es eso tierra? Mojo un poco mi servilleta en agua y limpio con ella los pequeños globos purpúreos. Ayuda, pero aún parecen algo rugosos. Hmmm. St. Clair y Meredith dejan de hablar. Levanto la mirada para encontrarme la suya fija en mí con la misma diversión.
─¿Qué?
─Nada. Continúa con tu baño de uvas.
─Estaban sucias.
─¿Has probado alguna?
─No, aún tienen estos pequeños puntos de barro ─Sostengo una en alto para que lo vean. St. Clair me la quita de las manos y la mete en su boca. Estoy hipnotizada por sus labios, su garganta, mientras traga.
Dudo. ¿Prefiero la comida limpia o su buena opinión?
Coge otra y sonríe.
─Abre.
Abro.
La uva roza mi labio inferior mientras él la desliza dentro. Explota en mi boca, y así me sorprendo tanto del jugo que por poco lo escupo. El sabor es intenso, más como el dulce de uvas que como la fruta real. Decir que nunca he saboreado nada igual es decir poco. Meredith y St. Clair ríen.
─Espera a que pruebes el vino ─dice Meredith.
St. Clair llena un tenedor de pasta.
─Entonces... ¿cómo fue la clase de francés?
El abrupto cambio de tema me hace estremecerme.
─La Professeur Gillet da miedo. Tiene el ceño fruncido siempre.
Rompo un trozo de baguette. La corteza cruje y el interior es ligero y esponjoso. Oh, tío.. Me meto otro cacho en la boca.
Meredith parece pensativa.
─Puede parecer intimidante al principio, pero es muy amable cuando la conoces.
─Mer es su pupila estrella ─dice St. Clair.
Rashmi se aparta de Josh, que parece atontado por el aire fresco.
─Está dando clases avanzadas de francés y español ─añade.
─Tal vez puedas ser mi tutora ─le digo a Meredith─. Soy un asco en idiomas extranjeros. La única razón por la que este sitio pasó por alto mis notas de español fue porque la directora lee las tontas novelas de mi padre.
─¿Cómo lo sabes?
Pongo los ojos en blanco.
─Lo mencionó un par de veces en mi entrevista telefónica ─Siguió haciendo preguntas acerca de las decisiones del elenco de El Faro. Como si Papá tuviera algo que decir al respecto. O como si me importara. No se dio cuenta de que mis gustos cinematográficos son algo más sofisticados.
─Me gustaría aprender italiano ─dice Meredith─. Pero no lo ofrecen aquí. Quiero ir a la universidad en Roma el año que viene. O tal vez Londres. Podría estudiarlo allí, también.
─¿No será mejor Roma como lugar para estudiar italiano?
─Sí, bueno ─dice ella mirando furtivamente a St. Clair─. A mí siempre me ha gustado Londres. Pobre Mer. Está completamente perdida.
─¿Qué quieres hacer tú? ─le pregunto─. ¿Dónde vas a ir?
St. Clair se encoge de hombros. Es lento, con todo el cuerpo y sorprendentemente francés. El mismo encogimiento que el camarero del restaurante me dedicó anoche cuando le pregunté si servían pizza.
─No lo sé. Depende, aunque me gustaría estudiar historia ─Adelanta el cuerpo, como si estuviera a punto de compartir un oscuro secreto─. Siempre he querido ser uno de esos tíos que entrevistan en los especiales de la BBC o de la PBS. Ya sabéis, con las cejas extravagantes y parches en los codos de ante.
¡Justo como yo! Más o menos.
─Yo quiero estar en el canal de las películas clásicas y discutir sobre Hitchcock y Capra con Robert Osborne. Presenta la mayoría de sus programas. Quiero decir, sé que es un tipo viejo, pero es tan asombrosamente guay. Lo sabe todo sobre el cine.
─¿De verdad? ─Suena genuinamente interesado.
─La cabeza de St. Clair siempre está hundida en libros de historia del tamaño de diccionarios ─interrumpe Meredith─. Es difícil sacarle de su habitación.
─Eso es porque Ellie siempre está allí ─dice Rashmi con sequedad.
─Le dijo la sartén al cazo ─Hace gestos hacia Josh─. Por no mencionar … a Henri.
─¡Henri! ─dice Meredith, y ella y St. Clair estallan en carcajadas.
─Una maldita tarde, y no me dejáis olvidarlo en ningún caso ─Rasmi mira a Josh, que apuñala su plato.
─¿Quién es Henri? ─Me cuesta pronunciarlo. En-ree.
─El guía del viaje de estudios a Versalles el año pasado ─dice St. Clair─. Un tipo molesto, pequeño y delgaducho, pero Rashmi nos dejó tirados en la Sala de los Espejos y se lanzó a por él...
─¡No lo hice!
Meredith reniega con la cabeza.
─Se manosearon durante casi toda la tarde. Con público completo.
─La escuela al completo esperó en el autobús durante dos horas, porque se le olvidó a qué hora nos recogían para volver ─dijo St. Clair.
─NO fueron dos horas...
Meredith continúa.
Professeur Hansen finalmente la encontró en unos matorrales de los jardines formales, y tenía marcas de dientes por todo su cuello.
─¡Chupetones! ─resopla St. Clair.
Rashmi estalla.
─Cállate, Lengua Inglesa.
─¿Uh?
─Lengua Inglesa. Así te llamaron todos después de vuestra arrebatadora demostración en la feria de la calle la pasada primavera ─St. Clair intenta protestar, pero está perdido en las carcajadas. Meredith y Rashmi continúan pinchándose pero... yo me siento perdida de nuevo. Me pregunto si Matt besará mejor ahora que tiene a alguien más experimentado con quien practicar. Probablemente solo besara mal por culpa mía.
Oh, no.
Beso mal. Debo hacerlo.
Algún día, me darán una estatuilla con la forma de unos labios y estarán grabadas las palabras PEOR BESO DEL MUNDO. Y Matt dará una charla acerca de cómo solo salió conmigo porque estaba desesperado, pero yo no me dejaba, así que fui una pérdida de tiempo porque a Cherrie Milliken le gustaba desde hacía tiempo y ella sí se deja. Todo el mundo lo sabe.
Oh, Dios. ¿Cree Toph que beso mal?
Solo pasó una vez. Mi última noche en el cine que era también la noche antes de partir hacia Francia. No había casi nadie, y habíamos estado solos en la entrada durante casi toda la tarde. Tal vez porque era mi último turno, tal vez porque no nos veríamos en cuatro meses, tal vez porque parecía una última oportunidad. No importa la razón, el caso es que fuimos atrevidos. Fuimos valientes. El flirteo fue incrementando a lo largo de la noche, y para cuando nos dijeron de irnos a casa no podíamos movernos. Simplemente continuamos... estirando la conversación.
Y entonces, finalmente, me dijo que me echaría de menos.
Y entonces, finalmente, me besó bajo la zumbeante marquesina.
Y entonces me marché.
─¿Anna? ¿Estás bien? ─pregunta alguien.
La mesa entera me está mirando fijamente.
No llores. No llores. No llores.
─Uhm. ¿Dónde está el baño? ─El baño es mi excusa favorita para cualquier situación. Nadie pregunta más cuando lo mencionas.
─Los servicios están al final del pasillo ─St. Clair parece preocupado, pero no se atreve a preguntar. Probablemente tiene miedo de que hable acerca de la absorbencia del tampón o que mencione la temida palabra M.
Paso el resto de la comida como perdida. Echo tanto de menos mi hogar que duele físicamente. Me late la cabeza, tengo náuseas, y es todo tan injusto. Nunca pedí que me enviaran aquí. Tenía mis propios amigos, y mis chistes privados, y mis besos robados. Desearía que mis padres me hubiesen dado a elegir.
─¿Quieres pasar tu último año en Atlanta o en París?
¿Quién sabe? Puede que hubiera elegido París.
Lo que mis padres nunca consideraron fue que quería tener la elección.


*Rash significa "sarpullido", de ahí que sea un mote desafortunado.
**En español en el original. 

1 comentario:

  1. Cómo me he reído con varias partes de este capítulo xD
    Tengo unas ganas increíbles de leerlo entero! *O*
    Es genial!
    Muchas gracias por haber traducido hasta este capítulo antes de que ninguna editorial se interesara por él, de verdad que se agradece un montón! ^^

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