8 de julio de 2011

Capítulo 3 de El anillo de Salomón

Un capítulo más y cancelamos la traducción. ¡Disfrutad del último trozo de la primera parte, donde veremos el desenlace de la vida de servidumbre con uno de los tantos amos que tuvo Bartimeo!

Traducción: Khardan
Edición: Alexia



3

El alba se encontraba a mi espalda cuando regresé a Jerusalén. Los picos de las torres de los hechiceros ya estaban teñidos de rosa, y la cúpula del palacio de paredes blancas de Salomón brillaba como un nuevo sol. Por debajo, cerca de la Puerta Kidron, la torre del viejo se encontraba casi por completo en sombras. Volé a la ventana superior, donde colgaba una campana de bronce, y la toqué una vez, siguiendo las órdenes que tenía. Mi amo prohibía a sus esclavos acercársele por sorpresa.
Los ecos se desvanecieron. Mis anchas alas removieron el aire frío. Me mantuve en mi posición, esperando, observando cómo el paisaje se fundía en la existencia. El valle era oscuro y silencioso, un banco de niebla en el que la carretera se adentraba y se desvanecía. Los primeros trabajadores emergieron de la puerta de abajo; se dirigieron por la carretera hacia los campos. Fueron lentamente, tambaleándose en las duras piedras. En los planos superiores, pude ver uno o dos de los espías de Salomón yendo con ellos, diablillos montados en el ronzal de los bueyes, gusanillos y minidiablillos volando con el viento.
Los minutos fueron pasando, y finalmente una encantadora sensación parecida a una docena de puntas de lanza sacándome los ojos me transmitieron la invocación del hechicero. Cerré mis ojos, me rendí, y un momento después sentí el amargo calor de la habitación del hechicero presionando mi esencia.
Para mi tranquilidad, el viejo llevaba sus ropas pese a la temprana hora. Un templo lleno de cadáveres es una cosa; un amo desnudo y arrugado habría sido otra muy distinta. Estaba de pie, en su círculo, y como antes, todos los sellos y las runas de maldición estaban correctamente situados. Con las velas de grasa de cabra ardiendo, y las pequeñas vasijas de romero e incienso repeliéndome con el dulzor de su peste, me quedé en el centro de mi tentáculo y le observé fijamente, sosteniendo la serpiente en mis delgadas manos*.
No dijo nada durante un tiempo, simplemente miró. Moví la serpiente ligeramente, para que la luz de las velas fluyese incitante sobre su contorno, inclinándola para mostrarle los ojos de rubí, y las uñas esmeralda de sus garras abiertas.
Cuando habló, su voz estaba ronca y llena de deseo.
─¿Fuiste a Eridu?
─Como me ordenó, fui. Encontré un templo. Esto estaba dentro.
Su ojo brilló.
─Pásamelo.
Lo retuve durante un momento.
─¿Me dejará irme como le pedí? Te he servido lealmente y bien.
Con esto, su rostro se congestionó con violenta pasión.
─¿Osas intentar negociar conmigo? ¡Pásame el artefacto, demonio, o por mi nombre secreto te juro que te lanzaré gritando a la Llama lúgubre** antes de que pase una hora!
Me miró, con el ojo sobresaliendo, la mandíbula desencajada y finas líneas de saliva en sus labios partidos.
─Muy bien ─dije─. Ten cuidado con no soltarlo.
Se lo lancé de un círculo al otro, y el hechicero alargó sus manos convertidas en garras. Y ya fuera por su único ojo, de manera que tuvo problemas en juzgar la distancia, o su ansia temblequeante, sus dedos tantearon la serpiente: Danzó entre ellos y cayó hacia el borde del círculo. Con un grito, el viejo se lanzó hacia ello, agarrándolo contra su arrugado pecho.
Este, su primer movimiento con la guardia baja, fue casi el último que hizo. Si tan solo la punta de sus dedos hubieran cruzado el círculo, habría perdido su protección y yo me hubiese lanzado hacia él. Pero, por un pelo, no cruzaron, y la hermosa doncella, que por un instante había parecido solo un poco más alta, cuyos dientes quizá habían crecido solo un poco más y se habían afilado al mismo tiempo, se calmó en el centro de su círculo con aspecto abatido.
El viejo no se dio cuenta de nada de esto. Solo tenía ojos para su tesoro. Durante mucho tiempo lo giró en sus manos, como un viejo gato cruel jugando con un ratón, con grititos debidos a la artesanía, y prácticamente salivando con deleite. Después de un rato, fue demasiado asqueroso como para soportarlo. Tosí suavemente.
El hechicero me miró.
─¿Y bien?
─Tiene lo que me pidió. Salomón le recompensará enormemente por ello. Déjame ir.
Él rió.
─¡Ah, Bartimeo, pero claramente tienes tal don para esta línea de trabajo! No estoy seguro de que pueda permitirme que tan habilidoso ladrón se vaya… quédate ahí en silencio. Debo investigar este dispositivo tan interesante. Veo pequeños tornillos dentados en los dedos.. me pregunto qué harán.
─¿Qué importa? ─dije─. Se lo vas a dar a Salomón, ¿no? Que lo investigue él.
El ceño de mi amo fue expresivo. Sonreí para mí y miré al cielo a través de las ventanas, donde las patrullas del alba apenas eran visibles, volando en círculos a gran altura, dejando leves trazos de vapor y azufre rosados en el aire. Era bonito, pero todo un espectáculo, porque ¿quién atacaría en serio Jerusalén mientras Salomón tuviera el Anillo? Permití al hechicero inspeccionar la serpiente durante un rato; después, aún mirando hacia la ventana, dije:
─Aparte, estaría terriblemente molesto si uno de sus hechiceros retuviera un objeto de semejante poder. Realmente desearía que me dejaras ir.
Me miró con los ojos entrecerrados.
─¿Sabes lo que es esto?
─No.
─Pero sabes que tiene poder.
─Incluso un diablillo podría verlo. Oh, me olvidaba, eres solo un humano. No puedes ver el aura que irradia en el séptimo plano… Pero aun así, ¿quién puede decirlo en verdad? Probablemente hubo muchas estatuillas de serpiente hechas así en Eridu. Probablemente no sea esa.
El viejo se lamió los labios; su precaución luchaba con la curiosidad, y perdió.
─¿No sea cuál?
─No es mi problema, ni el tuyo. Solo estoy aquí quiero en silencio, como me ordenaste.
Mi amo soltó una maldición.
─¡Revoco esa orden! ¡Habla!
─¡No! ─grité, levantando mis manos─. Sé cómo sois vosotros los hechiceros, ¡y no quiero tener nada que ver con ello! Salomón en un lado con ese terrible Anillo, y tú en el otro con… con… ─La doncella tembló, como si hubiese tenido un repentino escalofrío─. No, estaría en medio, y eso no me haría ningún bien.
Llamas azules saltaron del centro de la palma alzada del hechicero.
─Ni un segundo más, Bartimeo. Dime qué objeto es este, o te golpearé con Puño de la Esencia.
─¿Golpearíais a una mujer?
─¡Habla!
─Oh, muy bien, pero no te hará ningún bien. Tiene una ligera semejanza a la Gran Serpiente con la que los viejos reyes de Eridu conquistaron las ciudades de las planicies. Ese tesoro contenía un poderoso espíritu que era obligado a cumplir los deseos de su amo.
─Siendo su amo…
─Quien lo sostuviera, supongo. El espíritu era contactado presionando un interruptor secreto.
El hechicero me observó en silencio durante un tiempo. Al final dijo:
─Nunca he oído esta historia. Mientes.
─Ey, por supuesto que lo hago. Soy un demonio, ¿no? Olvídalo todo y dale el objeto a Salomón.
─No ─dijo el viejo decidido repentinamente─. Tenlo de nuevo.
─¿Qué?
Pero era demasiado tarde; lanzó la serpiente de nuevo a través de la habitación, donde la doncella la recogió con dudas.
─¿Me tomas por idiota, Bartimeo? ─gritó mi maestro, golpeando con un pie arrugado contra el mármol─. ¡Es claramente patente que planeabas atraerme con algún truco! ¡Me tentabas a mirar este dispositivo, con la esperanza de que sellara mi destino! Bueno, yo no voy a pulsar ningún botón. Pero tú sí.
La doncella parpadeó con sus grandes ojos marrones.
─Mira, esto no es realmente necesario…
─¡Haz lo que digo!
Con la mayor reluctancia, alcé la serpiente en mi mano y consideré los botones colocados en las garras. Había tres de ellos, cada uno decorado con una esmeralda. Eligiendo el primero, lo presioné cautelosamente. Hubo un sonido silbante. Entonces, la serpiente emitió un pequeño golpe eléctrico que removió mi esencia y puso el largo y lujurioso cabello de la doncella de punta como si fuera una escobilla de váter. El viejo hechicero se rió a carcajadas.
─¿Planeaste esto para mí, verdad? ─se rió─. Que esto te sirva de lección. Bueno, ¡el siguiente!
Presioné el segundo botón. Pivotando en una serie de dientes y fulcros ocultos, varias de las escamas doradas de la serpiente se giraron y expulsaron vaharadas de humo ceroso. Como con la primera trampa, los largos siglos habían entorpecido el mecanismo, y mi cara solo se oscureció ligeramente.
Mi amo se movió adelante y atrás con evidente alegría.
─Mejor que mejor ─cacareó─. ¡Mírate! Ahora el tercero.
La tercera esmeralda había sido evidentemente diseñada para dejar salir una nube de gas venenoso, pero todo lo que quedó después de tantos años fue una ligera nube verde y un mal olor.
─Ya te has divertido ─suspiré, sosteniendo de nuevo la serpiente─. Ahora déjame ir, o envíame lejos de nuevo, o lo que quieras hacer. Pero déjame en paz. Estoy harto de esto.
Pero el ojo bueno del hechicero brilló.
─¡No tan rápido, Bartimeo! ─dijo cruelmente─. Olvidas la cola.
─No veo…
─¿Estás ciego? ¡Hay una marca ahí también! Presiona ese, si no te importa.
Dudé.
─Por favor. Ya he tenido bastante.
─No, Bartimeo. Tal vez este es el “interruptor secreto” que mencionaste. Tal vez ahora puedas conocer a este “poderoso espíritu” de las antiguas leyendas. ─El viejo sonrió con placer cruel; puso sus flacuchos brazos en jarras─. ¡O te aseguro que descubrirás de nuevo lo que significa intentar desafiarme! Vamos, ¡no pierdas el tiempo! ¡Presiona la cola!
─Pero…
─¡Te ordeno que lo presiones!
─Pues vale ─Eso era lo que había estado esperando todo este tiempo. Los términos de cualquier invocación siempre incluyen las condiciones más estrictas respecto a herir al hechicero que te trae aquí: Es la primera regla, la más básica de toda la magia desde Ashur hasta Abisinia. Atraer a tu amo al desastre a través de palabras dulces y astucia desnuda es diferente, por supuesto, como lo es golpearles si rompen su círculo o se equivocan en la invocación. Pero los asaltos directos están fuera de cuestión. No puedes tocar a tu amo a menos que te sea expresamente ordenado por su propia boca. Como, de manera bastante agradable, fue el caso aquí.
Giré la serpiente dorada y giré la cola. Como había asumido, Naabash no había mentido***. No, el elemental**** de agua atrapado dentro se había deteriorado como los mecanismos mecánicos. Un brillante y pulsante torrente de agua salió disparado de la boca abierta de la serpiente, brillando en la alegre luz del alba. Como, por pura casualidad, estaba sosteniendo la serpiente apuntando directamente al hechicero, el torrente cruzó el espacio intermedio y golpeó al viejo de lleno en el pecho, levantándole y llevándole fuera de su círculo y a través de la habitación. La distancia que atravesó fue gratificante, pero lo crucial es que abandonó el círculo. Incluso antes de que aterrizara, pesadamente y empapado, sobre su espalda, los lazos que me contenían se soltaron y desaparecieron, y fui libre para moverme.
La hermosa doncella tiró la serpiente al suelo y salió del pentáculo que la restringía. Al otro lado de la habitación, el hechicero había sido derribado; allí yacía, indefenso, aleteando como un pez.
La doncella pasó las velas de grasa de cabra, y mientras lo hacía, todas se apagaron. Su pie chocó contra un bol de hierbas de guardia; el romero se derramó sobre su piel, que silbó y lanzó vapor. La doncella no hizo caso; sus grandes ojos oscuros estaban fijos en el hechicero, que luchaba ahora para levantar la cabeza y ver mi lento acercamiento. Hizo un esfuerzo desesperado, mojado y desestabilizado como estaba. Una mano temblorosa se alzó y apuntó. Su boca se movió; lanzó una palabra. De su índice salió una lanza de esencia. La doncella hizo un gesto; las lanzas de relámpago explotaron en mitad del aire y salieron en ángulos aleatorios golpeando las paredes, el suelo y el techo. Una salió por la ventana más cercana y se arqueó hacia el valle para sorprender a los campesinos que había debajo.
La doncella atravesó la habitación; miró desde arriba al hechicero y alargó las manos, y sus uñas, e incluso sus dedos, fueron mucho más largos que antes.
El viejo me miró.
─Bartimeo…
─Ese es mi nombre ─dije─. Ahora, ¿vas a levantarte o voy yo a por ti?
La respuesta que dio fue incoherente. La hermosa doncella se encogió de hombros. Entonces mostró sus hermosos dientes y cayó sobre él, y se acallaron todos los sonidos que hizo después.
Tres pequeños diablillos de guardia, atraídos quizá por una alteración en los planos, llegaron justo mientras terminaba. Con los ojos muy abiertos y preguntándose, se arracimaron en el alféizar mientras la delgada joven se ponía dificultosamente en pie. Estaba sola en la habitación ahora; sus ojos brillaban en las sombras mientras se giraba a mirarles.
Los diablillos hicieron sonar la alarma, pero fue demasiado tarde. Mientras el aire se llenaba del sonido de alas y garras, la bella doncella sonrió y se despidió de los diablillos, de Jerusalén, de mi último momento de esclavitud en la Tierra, y sin una palabra se fue.

Y ese fue el final del viejo hechicero. Habíamos estado juntos durante un tiempo, pero nunca llegué a saber su nombre. Sin embargo, aún le recuerdo con cariño. Idiota, codicioso, incompetente y muerto. Sin duda, ese es el tipo de amo que merece la pena tener.


*Había elegido de nuevo la forma de la chica por amor a la continuidad, y también porque sabía que irritaba a mi maestro. En mi experiencia, la mayoría de los magos se sentirán menos cómodos si eliges la forma adecuada. Aparte de los altos sacerdotes de Ishtar en Babilonia, quiero decir. Ishtar era la diosa del amor y la guerra, así que sus magos no se sentían molestos ni por las chicas bonitas ni por los monstruos cubiertos de sangre. Esto desafortunadamente eliminaba la mayor parte de mi repertorio.

**Llama lúgubre: una rápida y dolorosa punzada. En periodos posteriores, después de su refinamiento por Zarbustibal de Yemen, se la conoció como Fuego Aterrador. Era la última sanción para los espíritus que simplemente se negaban a llevar a cabo las órdenes de su maestro, y amenazar con ella aseguraba casi siempre nuestra (a regañadientes) obediencia.

***Engañosos como somos a veces cuando conversamos con humanos, los altos espíritus casi siempre nos decimos la verdad entre nosotros. Los de las clases más bajas, tristemente, son menos civilizados, siendo los minidiablillos variables, según su humor y dados a chanzas, mientras que los diablillos simplemente disfrutan diciendo absolutas tonterías.

****Elemental: La mayoría de los espíritus incorporan en su esencia dos o más de los cuatro elementos (Los mejores genios, sin decir nombres, son entidades perfectamente equilibradas de fuego y aire). Esos espíritus formados de aire, tierra, fuego o agua solo, sin embargo, son elementales, un tipo completamente de cosa. Les falta la elegancia o el encanto que hace a algunos de nosotros tan fascinantes, pero lo compensan con puro poder arrollador.

1 comentario:

  1. Jo, qué guay. Pero sin duda, sin duda, su mejor amo fue Ptolomeo seguido de Nathaniel T___T

    Ahora en la segunda parte, supongo que es cuando Salomón lo invoca y se hace su nuevo amo... ¡Lástima que cancelemos justo después! Pero ya queda menos para octubre y para que salga oficialmente en español ^^

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