18 de febrero de 2011

Introducción de "El anillo de Salomón"

Esta es la introducción a El anillo de Salomón, precuela de la Trilogía de Bartimeo, escrita por Jonathan Stroud. ¡Sí! Os ofrecemos la traducción de esta esperadísima novela, empezando a calentar motores con estas explicaciones del mundo que nos espera. Si os habéis leído la trilogía, entonces esto es un recordatorio del mundo, la magia, y los espíritus, e incluso de los nuevos (y no tan nuevos) personajes que vamos a conocer en esta. Si no, ¿a qué estáis esperando? ¡Disfrutadlo!

Traducción: Khardan
Edición: Alexia


Una nota sobre la magia

Hechiceros. 
Desde que la Historia comenzó en las ciudades amuralladas con barro de Mesopotamia hace más de cinco mil años, los gobernantes de las grandes naciones han usado siempre hechiceros para ayudarles a mantenerse en el poder. Los faraones de Egipto y los reyes de Sumeria, Asiria y Babilonia confiaron en la magia para proteger sus ciudades, reforzar sus ejércitos y eliminar a sus enemigos. Los gobiernos modernos, aunque escondan los hechos con cuidadosa propaganda, continúan esta misma política. Los hechiceros no tienen habilidades mágicas en sí mismos, sino que consiguen su poder del control de espíritus, que sí tienen. Pasan muchos años en clima de estudio solitario, perfeccionando las técnicas que les permiten invocar a estas terribles entidades y sobrevivir. Los hechiceros exitosos son consecuentemente siempre listos y físicamente robustos. Debido a los riesgos de sus artes, también son crueles, misteriosos y autocomplacientes. Para la mayor parte de las invocaciones, el hechicero permanece dentro de un círculo de protección cuidadosamente dibujado, dentro del cual hay un pentagrama, o estrella de cinco puntas. Se dicen ciertos encantamientos complejos, y el espíritu es atraído desde su lejana dimensión. Después, el hechicero recita unas palabras especiales de Atadura. Si se hace correctamente, el espíritu se convierte en el esclavo del hechicero. Si, por el contrario, se tiene algún error, el poder protector del círculo se rompe, y el infeliz hechicero queda a disposición del espíritu. Una vez que el esclavo está atado, debe obedecer las instrucciones de su amo hasta que el encargo este completo. Cuando esto sucede, lo que puede llevar horas, días o años, el alegre espíritu es formalmente expulsado. Por lo general, los espíritus odian su esclavitud, sin importar cuál sea su duración, y buscan cualquier posibilidad de dañar a sus amos. Los hechiceros más juiciosos, por tanto, mantienen a sus esclavos el menor tiempo posible, solo por si su suerte se les acaba. 

Espíritus.
Todos los espíritus están formados de una esencia, un fluido, una sustancia constantemente cambiante. En su propia dimensión, conocida como “Otro Lado”, no tienen forma sólida, pero en la Tierra tienen que tomar alguna forma definida. Sin embargo, los espíritus superiores tienen la posibilidad de cambiar de forma a voluntad; esto les da un respiro del dolor que la cruel solidez de la Tierra les causa a su esencia.
Hay cinco categorías principales de espíritu. Son:
1.- Los diablillos: El tipo inferior. Los diablillos son escurridizos e impertinentes y su magia es humilde. La mayoría no pueden cambiar de forma en ningún caso. Sin embargo, son fáciles de dirigir y no presentan demasiado peligro al hechicero. Por esta razón son invocados frecuentemente, y usados para tareas menores como fregar suelos, limpiar armarios, llevar mensajes y estar de guardia.
2.- Los trasgos: Más poderosos que los diablillos, pero no tan peligrosos como los genios. Los hechiceros prefieren a los trasgos por su sigilo y astucia. Al ser razonablemente buenos al cambiar de forma, son excelentes espías.
3.- Genios: La clase más amplia de espíritus, y la más difícil de resumir. No hay dos parecidos. Les falta el poder absoluto de los espíritus superiores, pero frecuentemente les superan en inteligencia y audacia. Son geniales en los cambios de forma, y tienen un vasto arsenal de hechizos a su disposición. Un genio es el esclavo favorito de los hechiceros más competentes.
4.- Efrits: Fuertes como toros, imponentes de estatura y arrogantes como reyes. Los efrits son directos e irascibles por temperamento. Son menos sutiles que otros espíritus y su fuerza habitualmente supera a su inteligencia. Diversos monarcas, a lo largo de la historia, los han usado a la vanguardia de la batalla y como guardianes de su oro.
5.- Marids: Los más peligrosos y menos comunes de los cinco tipos. Confiados de manera absoluta en su poder mágico, los marids a veces aparecen en disfraces discretos o amables, solo para cambiar súbitamente a formas enormes y desagradables. Solo los mejores hechiceros osan invocarlos. Todos los hechiceros temen a sus espíritus-esclavos, y se aseguran de su obediencia mediante inventivos castigos. Por esta razón la mayoría de los espíritus se pliegan a lo inevitable. Sirven a sus amos tan eficientemente como sea posible y, a pesar de sus instintos naturales, se mantienen visiblemente celosos y educados, por miedo a las repercusiones. Esto es lo que hacen la mayoría de los espíritus. Pero, como siempre, hay excepciones.

Los personajes principales.
En Jerusalén:
Salomón:                              Rey de Israel
Hiram:                                  Visir de Salomón
Khaba:                                 Un hechicero, al servicio del rey Salomón
Ezequiel:                              Un hechicero, al servicio del rey Salomón

Y otros hechiceros, sirvientes y esposas varios.
Marib
Balkis:         Reina de Saba
Asmira:       Un capitán de la guardianes

Los espíritus.
Bartimeo:                       Un genio
Faquarl:                          Un genio
Genios al servicio de Khaba el Cruel Nimshik:
Beyzer
Chosroes
Menes
Tivoc
Xoxen
Gereri:                         Trasgo al servicio de Khaba el cruel
Y muchos otros marids, efrits, genios, trasgos y diablilllos.

La historia tiene lugar en y alrededor de Jerusalén, en el año 950 antes de Cristo.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada