5 de septiembre de 2010

Capítulo 4 de House of Many Ways (Parte 2)

Cancelamos la traducción de este libro por su publicación en España. Si después de leer los cuatro capítulos que hemos hecho en este blog, quieres saber más y cómo continua, cómprate el libro

Final del capítulo 4 de House of Many Ways. Con este cacho nos despedimos. Si decidimos hacer otra traducción y en unos meses una editorial decide licenciarla, nos plantearemos seriamente si es un buen método de conseguir que se publiquen libros que nos interesan (ya sería la tercera vez). Ahora, si os hemos abierto el apetito, disfrutad de la traducción oficial hecha por Nocturna Ediciones.

Traducido por Khardan.
Editado por Alexia.


Waif seguía ladrando agudamente. Peter dijo:
─Estate callado, Waif ─Y alargó la mano a través de la tormenta de burbujas y más allá de su chaqueta mojada a donde estaba Waif agazapado bajo la silla. De alguna manera, lo sacó de allí y se levantó con Waif cabeza abajo entre sus brazos. Este murmuró un gañido de protesta, movió sus cuatro patas y curvó su deshilachada cola entre sus patas traseras. Peter puso la cola de nuevo recta.
─Has dañado su dignidad ─dijo Charmain─. Ponle en el suelo.
─Él no es un él ─respondió Peter─. Es un ella. Y no tiene ninguna dignidad, ¿verdad, Waif?
Waif claramente no estaba de acuerdo, y consiguió librarse de los brazos de Peter para caer en la mesa. Otra taza de té se cayó y la bolsa de Charmain se volvió. Para gran vergüenza de Charmain, el pastel de cerdo y la tartaleta de manzana salieron rodando de ella.
─¡Oh, bien! ─dijo Peter, agarrando el pastel de cerdo justo antes de que Waif llegase a él─. ¿Es esto toda la comida que tienes? ─dijo, dando un gran mordisco al pastel.
─Sí ─dijo Charmain─. Eso era el desayuno.
Cogió la tetera caída. El té que se había derramado se había convertido rápidamente en burbujas marrones, que giraban y subían convirtiéndose en una mancha marrón entre las otras burbujas.
─Fíjate en lo que has hecho ahora.
─Un poco más no será ninguna diferencia en este desastre ─dijo Peter─. ¿Limpias alguna vez? Este es un pastel realmente bueno. ¿De qué es este otro?
Charmain miró a Waif que estaba sentado ansioso al lado de la tartaleta de manzana.
─Manzana ─respondió─, y si te lo comes, tienes que darle un poco a Waif también.
─¿Es eso una norma? ─dijo Peter, tragándose el último trozo del pastel de cerdo.
─Sí ─respondió Charmain─. Waif la hizo y él, quiero decir ella, es muy rígida en ese aspecto.
─¿Es mágica, entonces? ─sugirió Peter, recogiendo la tartaleta de manzana. Waif hizo entonces pequeños sonidos ansiosos y trotó entre las teteras.
─No lo sé ─empezó Charmain. Entonces, pensó en la manera en que Waif parecía ser capaz de ir a cualquier parte de la casa y cómo la puerta delantera se había abierto repentinamente para ella antes─. Sí, estoy segura de que lo es. Muy mágica.
Lentamente y a regañadientes, Peter rompió un trozo de la tartaleta de manzana. La cola deshilachada de Waif se movió rápidamente y sus ojos siguieron todos los movimientos de Peter. Parecía saber exactamente lo que Peter estaba haciendo, sin importar cuántas burbujas hubiera en medio.
─Ya veo lo que dices ─dijo Peter, y le pasó el trozo a Waif. Waif lo tomó gentilmente en sus fauces, saltó de la mesa a la silla y luego al suelo, y se fue delicadamente a comérselo en otra parte tras las bolsas de colada─. ¿Te apetece una bebida caliente?
Una bebida caliente era algo que Charmain había estado deseando desde que se cayó por el lateral de la montaña. Tembló y se arrebujó en su jersey.
─Qué buena idea. Haz una si descubres cómo.
Peter apartó las burbujas con la mano y miró las teteras de la mesa.
Alguien debe haber hecho todas estas teteras.
─El Tío Abuelo William debe haberlas hecho. Yo no he sido.
─Pero muestra que se puede hacer ─dijo Peter─. Deja de estar ahí parada pareciendo débil y busca una sartén o algo.
─Hazlo tú ─respondió Charmain.
Peter la miró molesto y atravesó la habitación, apartando burbujas con la mano según avanzaba, hasta que alcanzó el fregadero lleno. Allí, naturalmente, hizo los descubrimientos que Charmain había hecho con anterioridad.
─¡No hay grifos! ─dijo incrédulo─. Y todas estas sartenes están sucias. ¿De dónde saca el agua?
─Hay una bomba en el jardín ─dijo desagradablemente Charmain.
Peter miró entre las burbujas de la ventana, donde la lluvia seguía dejando líneas en los cristales.
─¿No hay un cuarto de baño? ─dijo. Y antes de que Charmain pudiera explicar cómo se podía llegar allí, movió las manos y se tambaleó a través de la cocina hasta la otra puerta y llegó al salón. Las burbujas entraron a su alrededor según volvía enfadado a la cocina.
─¿Es una broma? ─dijo incrédulo─. ¡No puede tener solo estas dos habitaciones!
Charmain suspiró, se arrebujó más en su jersey y fue a enseñárselo.
─Abres la puerta de nuevo y giras a la izquierda ─explicó, y después tuvo que agarrar a Peter ya que giró a la derecha─. No. Por ahí se va a un sitio muy extraño. Esto es la izquierda. ¿No las distingues?
─No ─dijo Peter─. Nunca he podido. Normalmente tengo que atarme un trozo de hilo en el pulgar.
Charmain miró al techo y le empujó hacia la izquierda. Ambos llegaron al corredor, donde resonaba con fuerza la lluvia que caía por la ventana al final. La luz entró lentamente mientras Peter estaba de pie mirando.
─Ahora puedes girar a la derecha ─dijo Charmain, empujándole en esa dirección─. El baño es esta puerta de aquí. Esa fila de puertas lleva a los dormitorios.
─¡Ah! ─dijo Peter admirado─. Ha estado doblando el espacio. Eso es algo que no puedo esperar a saber cómo hacer. Gracias ─añadió, y se metió rápidamente en el baño. Su voz flotó de vuelta a Charmain, que estaba andando con cuidado hacia el estudio─. ¡Oh, bien! ¡Grifos! ¡Agua!
Charmain se introdujo silenciosamente en el estudio del Tío Abuelo William y cerró la puerta, mientras la divertida lámpara torcida del escritorio se encendía y brillaba con fuerza. Para cuando alcanzó el escritorio, era casi tan brillante como la luz del sol.
Charmain apartó a un lado Das Zauberbuch y cogió el paquete de cartas de debajo. Tenía que comprobarlo. Si Peter estaba diciendo la verdad, una de las cartas pidiendo ser aprendiz del Tío Abuelo William tenía que ser suya. Dado que solo les había dado un vistazo antes, no recordaba haber visto ninguna, y si no había ninguna, estaba tratando con un impostor, posiblemente otro Lubbock. Tenía que saberlo.
¡Ah! Ahí estaba, a la mitad del montón. Se puso las gafas y leyó:

Estimado Mago Norland,
Con relación a convertirme en su aprendiz, ¿sería conveniente que llegase a usted en una semana, en vez de en otoño como habíamos acordado? Mi madre tiene que viajar a Ingary y prefiere tenerme colocado antes de que se marche. A no ser que me diga usted lo contrario, me presentaré en su casa el trece de este mes.
Esperando que esto le sea conveniente,
Con los mejores deseos,
Peter Regis.

«¡Así que era verdad!» pensó Charmain, medio aliviada, medio molesta. Cuando había ojeado las cartas antes, su ojo debía haber captado la palabra aprendiz cerca del principio y la palabra deseos cerca del final y esas palabras estaban en todas las cartas. De manera que había asumido simplemente que se trataba de otra carta suplicante. Y parecía como si el Tío Abuelo William hubiera hecho lo mismo. O tal vez había estado demasiado enfermo como para responder. En cualquier caso, parecía que estaba condenada a estar con Peter.
«¡Vaya fastidio! Por lo menos no es siniestro»
En ese momento fue interrumpida por el consternado grito de Peter en la distancia. Charmain rápidamente volvió a poner las cartas bajo Das Zauberbuch, se quitó las gafas y corrió al corredor. El vapor salía en vaharadas del cuarto de baño, mezclado con las burbujas que se habían desviado hasta allí. Casi escondía algo vasto y blanco que se movía lentamente hacia Charmain.
─¿Qué has he… ─comenzó a decir ella. Fue todo lo que tuvo tiempo de decir antes de que la vasta cosa blanca sacara una lengua rosa gigantesca y lamiese su cara. También soltó un sonido gigantesco como de trompeta. Charmain se echó hacia atrás. Era como si hubiera sido lamida por una toalla de baño mojada y gemida por un elefante. Se echó contra la pared y miró hacia los enormes y suplicantes ojos de la criatura.
─Conozco esos ojos ─dijo Charmain─. ¿Qué te ha hecho, Waif?
Peter salió del baño, jadeando.
─No sé qué ha salido mal ─jadeó─. El agua no salía lo suficientemente caliente para hacer té, así que pensé que podía hacerla más caliente con el Hechizo de Agrandamiento.
─Bueno, pues reviértelo ya ─dijo Charmain─. Waif es del tamaño de un elefante.
Peter miró distraídamente a Waif.
─Solo el tamaño de un carro. Pero las tuberías están al rojo vivo aquí dentro. ¿Qué crees que debería hacer?
─¡Oh, en serio! ─dijo Charmain.
Empujó a Waif amablemente y fue hacia el cuarto de baño. Por lo que podía ver a través del vapor, salía agua hirviendo de los cuatro grifos e iba al retrete, y las tuberías de las paredes estaban sin duda brillando al rojo vivo.
─¡Tío Abuelo William! ¿Cómo enfrío el agua del cuarto de baño?
La amable voz del Tío Abuelo William habló a través de los silbidos y goteos.
─Encontrarás más instrucciones en alguna parte del maletín, querida.
─¡Eso no me sirve! ─dijo Charmain. Sabía que no había tiempo para buscar en los maletines. Algo iba a explotar pronto─. ¡Enfríate! ─gritó al vapor─. ¡Congélate! ¡Tuberías, enfriaos de una vez! ─gritó, agitando los brazos─.¡Os ordeno que os enfriéis!
Funcionó, para su sorpresa. El vapor se deshizo en simples volutas y luego desapareció del todo. El retrete dejó de sonar. Tres de los grifos gorgotearon y se detuvieron. Se formó escarcha en el que seguía corriendo. El frío del lavabo, y una estalactita de hielo, creció en él. Otra estalactita de hielo apareció en las tuberías que atravesaban la pared y se deslizaban hasta la bañera.
─Así está mejor ─dijo Charmain, después se dio la vuelta para mirar a Waif. Este le devolvió la mirada con tristeza. Era más grande que nunca ─.Waif, hazte pequeña. Ahora. Te lo ordeno.
Waif agitó tristemente la punta de su monstruosa cola y se mantuvo del mismo tamaño.
─Si es mágica ─dijo Peter─, puede volver a ser ella misma cuando quiera.
─¡Oh, cállate! ─le soltó Charmain─. ¿Qué creías que estabas haciendo? Nadie puede beber agua hirviendo.
Peter la miró con el ceño fruncido bajo las puntas goteantes y rizadas de su pelo.
─Quería una taza de té ─dijo─. El té se hace con agua hirviendo.
Charmain no había hecho té en su vida. Encogió los hombros.
─¿En serio? ─levantó la cara hacia el techo─. Tío Abuelo William, ¿cómo conseguimos una bebida caliente aquí?
La amable voz habló de nuevo.
─En la cocina, toca la mesa y di “Té”, cariño. En el salón toca el carrito y di “Té de la tarde”. En tu cuarto…
Ninguno de los dos esperó a escuchar lo que decía del cuarto. Se lanzaron hacia delante y cerraron de un portazo la puerta del cuarto de baño. La abrieron de nuevo, Charmain empujando con fuerza a Peter hacia la izquierda, y se apretujaron para pasar hacia la cocina. Se dieron la vuelta, cerraron la puerta, la abrieron de nuevo y finalmente llegaron al salón, donde miraron ansiosos en busca del carrito. Peter lo vio en la esquina y llegó antes que Charmain.
─¡Té de la tarde! ─gritó, golpeando con fuerza en su superficie vacía cubierta de cristal─. ¡Té de la tarde! ¡Té de la tarde! ¡Té…
Para cuando Charmain le alcanzó y agarró su brazo mientras se sacudía, el carrito estaba lleno de teteras, jarras de leche, tazones de azúcar, copas, bollitos, platos de mantequilla, platos de mermelada, platos de tostadas calientes con mantequilla, pilas de muffins y un pastel de chocolate. Un cajón salió del final, lleno de cuchillos, cucharas y tenedores. Charmain y Peter, a la vez, tiraron del carrito hacia el sofá polvoriento y se sentaron para comer y beber. Después de un minuto, Waif sacó su enorme cabeza a través de la puerta, olfateando. Al ver el carrito, se encogió un poco y llegó también al salón, donde se arrastró trabajosamente y montañosamente sobre el sofá, y puso su enorme y peludo lomo en el respaldo tras Charmain. Peter la miró distraído y le pasó varios muffins, que se comió de un bocado, con enorme educación.
Una buena media hora después, Peter se echó hacia atrás y se estiró.
─Eso ha estado genial. Por lo menos no nos moriremos de hambre. Mago Norland ─añadió experimentalmente─, ¿cómo conseguimos comida en esta casa?
─Solo me responde a mí ─dijo Charmain, un tanto engreída─. Y no voy a preguntar ahora. Tuve que tratar con un Lubbock antes de que vinieras y estoy exhausta. Me voy a la cama.
─¿Qué son los Lubbocks? ─preguntó Peter─. Creo que uno mató a mi padre.
Charmain no tenía ganas de responderle. Se levantó y fue a la puerta.
─Espera ─dijo Peter─. ¿Cómo nos libramos de las cosas que hay en el carrito?
─Ni idea ─respondió Charmain. Abrió la puerta.
─¡Espera, espera, espera! ─dijo Peter, apresurándose tras ella─. Muéstrame mi habitación primero.
«Supongo que tengo que hacerlo» pensó Charmain. «No puede distinguir la izquierda de la derecha.» Suspiró.
Reticentemente, empujó a Peter entre las burbujas que aún entraban en la cocina, más espesas que nunca, para que pudiese recoger su mochila, y después le giró hacia la izquierda, de vuelta por la puerta hacia donde estaban los dormitorios.
 ─Coge el tercero ─dijo─. Ese es el mío, y el primero es el del Tío Abuelo William. Pero hay miles de ellos, si prefieres otro. Buenas noches ─añadió, y entró en el cuarto de baño. Todo estaba congelado.
─Oh, bueno ─dijo Charmain. Para cuando llegó a su dormitorio, y se metió en su vestido de noche, manchado de té, Peter estaba en el corredor, gritando.
─¡Hey! ¡Este retrete está congelado!
«¡Mala suerte!». 
Se metió en la cama y se durmió prácticamente al momento. Cerca de una hora después, soñó que se sentaba encima de ella un mamut lanudo.
─Bájate, Waif ─dijo─. Eres demasiado grande.
Después de esto, soñó que el mamut se bajaba lentamente, gruñendo por lo bajo, antes de irse a otros sueños más profundos.

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