4 de septiembre de 2010

Capítulo 4 de House of Many Ways (Parte 1)

Cancelamos la traducción de este libro por su publicación en España. Si después de leer los cuatro capítulos que hemos hecho en este blog, quieres saber más y cómo continua, cómprate el libro

Aquí tenéis la primera parte del último capítulo que os ofrecemos de House of Many Ways. Mañana tendréis la segunda parte de este capítulo 4.

Traducido por Khardan.
Editado por Alexia.



Capítulo 4
En el que se presenta a Rollo, Peter y unos misteriosos cambios a Waif.

Charmain escuchó al Lubbock dar un silbante grito de furia, aunque no claramente debido al fuerte viento que causaba su caída. Vio el enorme precipicio pasar como un relámpago ante sus ojos. Continuó gritando. -¡Ylf, YLF! -gritaba con todas sus fuerzas-. ¡Oh, Dios bendito! ¡Ylf! Acabo de realizar un hechizo de vuelo. ¿Por qué no funciona?
Estaba funcionando. Charmain se dio cuenta cuando la velocidad con la que las rocas pasaban ante ella se redujo a la velocidad de un gato, luego a la de un perro, para finalmente alcanzar la de un caracol. Por un momento, se quedó colgando en el aire, cabeceando sobre unos gigantescos picos de roca en los peñascos en los que terminaba el precipicio.
Tal vez ya estoy muerta.
Después dijo:
-¡Esto es ridículo!
Y consiguió, por medio de un rato de inútil pataleo y de agitar los brazos, darse la vuelta. Y allí estaba la casa del Tío Abuelo Wiliam, aún a una larga distancia por debajo de ella en el ocaso, y alrededor de un cuarto de milla de distancia.
-Y se está muy bien flotando –dijo Charmain–, pero ¿cómo me muevo?
En ese punto, recordó que el Lubbock tenía alas, y probablemente, en ese preciso momento, estaba silbando hacia ella desde las alturas. Después de eso, no hubo necesidad de preguntarse cómo moverse. Charmain se encontró pataleando con fuerza y avanzado sin duda hacia la casa del Tio Abuelo William. Se tiró sobre el tejado y atravesó el jardín delantero, donde el hechizo pareció dejarla. Tuvo el tiempo justo para colocarse de lado de manera que quedase sobre el camino, antes de caer con un sonoro golpe. Se sentó en el arreglado camino pavimentado a lo loco, con todo su cuerpo temblando.
¡A salvo!
De alguna manera, parecía que no había ninguna duda de que, dentro de los límites del terreno del Tío Abuelo William, estaba segura. Podía sentirlo.
Después de un momento, dijo:
-¡Gracias a Dios! ¡Qué día! ¡Cuando pienso que lo único que le pedía a la vida era un buen libro y un poco de paz para leerlo…! ¡Molesta Tía Sempronia!
Los arbustos a su lado se agitaron. Charmain se apartó de un salto y casi volvió a gritar cuando las hortensias se doblaron para dejar pasar a un pequeño hombre azul saltar al camino.
─¿Estás al cargo ahora? ─pregunto esta pequeña persona azul con una pequeña voz ronca. Incluso en la luz del ocaso el pequeño hombre era definitivamente azul, no púrpura, y no tenía alas. Su cara estaba surcada por arrugas mal humoradas y prácticamente la ocupaba por completo una poderosa nariz, pero no era la cara de un insecto. El pánico de Charmain desapareció.
─¿Qué eres tú?
─Un Kobold, por supuesto ─dijo el pequeño hombre─. High Norland es un país de kobolds. Yo me encargo del jardín aquí.
─¿Por la noche? ─preguntó Charmain.
─Nosotros los kobolds salimos casi siempre por la noche ─dijo el pequeño hombre azul─. Como iba diciendo: ¿Estás al cargo?
─Bueno… ─dudó Charmain─. Algo así.
─Eso pensaba ─dijo el kobold, satisfecho─. Vi cómo los Altos se llevaban al mago. Así que vas a querer que tale todas estas hortensias, ¿no es así?
─¿Para qué?
─Me gusta talar cosas ─explicó el kobold─. El mayor placer de la jardinería.
Charmain, que nunca había pensado acerca de la jardinería en su vida, lo consideró.
─No, el Tío Abuelo William no las tendría si no le gustasen. Volverá pronto, y creo que podría enfadarse si se las encuentra todas cortadas. ¿Por qué no haces el trabajo nocturno que sueles hacer y pruebas a ver qué te dice cuando vuelva?
─Oh, dirá que no, por supuesto ─dijo cabizbajo el kobold─. Es un aguafiestas, ese mago. Mismo precio, ¿entonces?
─¿Qué cobras normalmente? ─preguntó Charmain.
El kobold replicó rápidamente.
─Tomaré una vasija llena de oro y una docena de huevos nuevos.
Afortunadamente, la voz del Tío Abuelo William salió de nuevo de la nada al mismo tiempo.
─Pago a Rollo una pinta de leche cada noche, querida, entregada mágicamente. No tienes que preocuparte de eso.
El kobold golpeó el suelo disgustado.
─¿Qué te había dicho? ¿No dije que era un aguafiestas? Y voy a poder hacer mucho trabajo, si sigues sentada en el camino toda la noche.
Charmain dijo, dignamente:
─Solo estaba descansando. Ya me voy ─Se levantó, sintiéndose sorprendentemente pesada, por no hablar de la debilidad de sus rodillas, y se arrastró por el camino hasta la puerta delantera.
Estará cerrada, pensó. Y pareceré completamente idiota si no puedo entrar.
La puerta se abrió antes de que la alcanzara, dejando salir un sorprendente estallido de luz y, con la luz, salió también la pequeña forma de Waif correteando, gimiendo, moviendo la cola y arrugándose de placer al ver de nuevo a Charmain. Ella estaba tan feliz de estar en casa y se sintió tan bienvenida que levantó a Waif y lo llevó dentro, mientras este se retorcía, se removía e intentaba lamer el cuello de Charmain.
Dentro, la luz parecía seguirte mágicamente.
─Bien ─dijo en voz alta Charmain─, así no tengo que buscar velas.
Pero sus pensamientos internos decían alarmados: ¡me he dejado la ventana abierta! ¡El Lubbock puede entrar!
Soltó a Waif en el suelo de la cocina y se apresuró hacia la izquierda a través de la puerta. La luz alumbró el corredor mientras ella corría hasta el final y cerraba la ventana con fuerza. Desafortunadamente, la luz hacía que el valle pareciera tan oscuro que, por más que intentaba mirar por el cristal, no podía asegurar si el Lubbock seguía ahí fuera o no. Se consoló a si misma con la idea de que no había sido capaz de ver la ventana desde el valle, pero aún así se dio cuenta de que estaba temblando.

Después de eso, no podía dejar de temblar. Fue temblando todo el camino hasta la cocina y siguió temblando mientras compartía un pastel de cerdo con Waif, y tembló aún más porque el charco de té se había extendido por debajo de la mesa, haciendo que la parte inferior de Waif estuviera mojada y marrón. Cuando Waif se acercaba a ella, partes de Charmain se volvían húmedas con el té también. Al final, Charmain se quitó la blusa, que estaba moviéndose libremente debido a los botones perdidos en cualquier caso y limpió el té con ella. Esto por supuesto, hizo que temblara aún más. Fue y cogió el jersey gordo de lana que la señora Baker había empacado para ella y se acurrucó en él, pero aún seguía temblando. La lluvia que amenazaba comenzó. Golpeó en la ventana y bajó por la chimenea de la cocina, y Charmain tembló aún más. Supuso que era el shock, en realidad, pero aún sentía mucho frío.
─¡Oh! ─gritó─. ¿Cómo enciendo el fuego, Tío Abuelo William?
─Creo que dejé el hechizo preparado ─dijo la amable voz salida de la nada─. Simplemente tira en el hogar una cosa que arda y di en voz alta. “Fuego, luz”, y deberías conseguir tu fuego.
Charmain miró alrededor en busca de algo que ardiera. Estaba la bolsa a su lado en la mesa, pero aún contenía un pastel de cerdo y otro de manzana en él y, además, era una bonita bolsa, con flores que la señora Baker había tejido en ella. Estaba el papel del estudio del Tío Abuelo William, por supuesto, pero eso suponía levantarse y traerlo. Estaba la colada de las bolsas en la pila, pero Charmain estaba bastante segura de que el Tío Abuelo William no apreciaría que quemase su ropa sucia. Por otro lado, estaba su propia blusa, sucia, empapada de té y a la que le faltaban dos botones hecha un guiñapo en el suelo a sus pies.
─Está arruinada de todos modos ─dijo. Cogió el trapo marrón y húmedo y lo tiró a la chimenea─. Fuego, luz.
La chimenea relampagueó y volvió a la vida. Durante unos minutos, el fuego más agradable y caliente que cualquiera pudiera haber deseado iluminó la estancia. Charmain suspiró con deleite. Acababa de mover su silla más cerca del calorcito cuando las llamas se convirtieron en silbantes nubes de vapor. Entonces, subiendo con el vapor, llenando la chimenea y entrando en la habitación aparecieron burbujas. Burbujas grandes y pequeñas, brillando con los colores del arcoíris, salieron en masa del fuego hacia la cocina.
Llenaron el aire, aterrizaron en cosas, volaron hacia la cara de Charmain, donde estallaron con un suave suspiro, y siguieron saliendo. En segundos, la cocina se convirtió en una cálida y vaporosa tormenta de espuma, suficiente para hacer que Charmain jadeara.
─Me había olvidado de la barra de jabón ─dijo, jadeando por el repentino calor húmedo.
Waif decidió que las burbujas eran sus enemigos personales y retrocedió bajo la silla de Charmain, ladrando con un tono agudo y gruñendo a las burbujas que estallaban. Era sorprendentemente ruidoso.
─¡Oh, cállate! ─dijo Charmain. El sudor recorría su cara y, su pelo, que se aplastaba contra sus hombros, estaba goteando por el vapor. Bateó una nube de burbujas y dijo─: Creo que me voy a quitar la ropa.
Alguien golpeó con fuerza la puerta trasera.
─O tal vez no.
La persona de fuera volvió a golpear con fuerza la puerta. Charmain se sentó donde estaba, deseando que no fuera el Lubbock. Pero cuando golpearon por tercera vez, se levantó reluctante y buscó un camino entre la tormenta de burbujas para ver quién era. Podía ser Rollo, supuso, que quisiera entrar para protegerse de la lluvia.
─¡Quién es! ─gritó tras la puerta─. ¿Qué quieres?
─¡Necesito entrar! ─respondió a gritos la persona de fuera─. ¡Está lloviendo a cántaros!
Quienquiera que fuera sonaba joven, y la voz no era rasposa como la de Rollo, ni zumbaba como la del Lubbock. Y Charmain podía oír la lluvia caer con fuerza, incluso con el silbido del vapor y el continuo y suave estallido de las burbujas. Pero podía ser un truco.
─¡Déjame entrar! ─gritó la persona que estaba fuera─. ¡El mago me está esperando!
─¡Eso no es verdad! ─respondió a gritos Charmain.
─¡Le escribí una carta! ─gritó la persona─. Mi madre arregló que yo viniera. ¡No tienes ningún derecho a mantenerme fuera!
El seguro de la puerta se movió. Antes de que Charmain pudiera hacer algo más que poner ambas manos para mantenerlo cerrado, la puerta se abrió de golpe y un chico empapado entró rápidamente. Estaba lo más mojado que una persona puede estar. Su pelo, que probablemente era rizado, colgaba alrededor de su joven cara en goteantes agujas marrones. Su chaqueta y sus pantalones de aspecto sensato eran negros y brillaban de lo mojados que estaban. La mochila que llevaba a la espalda estaba igual. Sus botas sonaban cuando se movía. Empezó a soltar vapor en el momento en que entró. Se quedó mirando a la masa de burbujas flotantes, a Waif ladrando continuamente en un tono agudo bajo la silla, a Charmain que se sujetaba el jersey y le miraba a través de los hilos rojos de su cabello, a las pilas de platos sucios y a la mesa llena de tazas de té. Sus ojos volvieron a las bolsas de la colada, y eso fue evidentemente demasiado para él. Su boca se abrió y se quedó parado, mirando una y otra vez a todas las cosas mientras soltaba vapor silenciosamente.
Un momento después, Charmain le agarró por la barbilla, donde unos pocos pelos duros crecían, mostrando que era mayor de lo que parecía. Empujó hacia arriba y su boca se cerró con un clop.
─¿Te importa cerrar la puerta?
Él miró tras de sí a la lluvia que se colaba en la cocina.
─Oh. Sí. Empujó la puerta hasta que se cerró.
─¿Qué está pasando? ─preguntó─. ¿Eres tú también la aprendiza del mago?
─No ─dijo Charmain─, solo estoy cuidando de la casa mientras el mago no está. Estaba enfermo, sabes, y los elfos se lo llevaron para curarle.
El chico parecía muy desanimado.
─¿No te dijo que venía?
─No tuvo realmente tiempo para decirme nada ─dijo Charmain. Su mente fue hacia la pila de cartas bajo Das Zauberbuch. Una de esas peticiones desesperadas al mago para enseñar a gente debía haber sido la de este chico, pero los ladridos agudos de Waif dificultaban pensar.
─Oh, cállate de una vez, Waif. ¿Chico, cómo te llamas?
─Peter Regis. Mi madre es la Bruja de Montalbino. Es una gran amiga de William Norland y acordó con él que yo viniera aquí. Estate en silencio, perrito. Se supone que debo estar aquí.
Se liberó de la mochila mojada y la soltó en el suelo. Waif dejó de gruñir para aventurarse desde debajo de la silla y olfatear la mochila por si pudiera ser peligrosa. Peter cogió la silla y colgó su chaqueta mojada en ella. La camisa de debajo estaba casi igual de mojada.
─¿Y quién eres tú? ─preguntó, mirando a Charmain a través de las burbujas.
─Charmain Baker ─respondió y explicó después─. Siempre llamamos al mago Tío Abuelo William, pero, en realidad, es un familiar de la Tía Sempronia. Vivo en High Norland. ¿De dónde vienes? ¿Por qué has entrado por la puerta trasera?
─Vengo de Montalbino ─dijo Peter─. Y me perdí, si necesitas saberlo, intentando tomar el atajo desde el paso. Vine aquí una vez antes, cuando mi madre estaba arreglando que fuera el aprendiz del Mago Norland, pero parece que no he recordado el camino apropiadamente. ¿Desde cuándo estás aquí?
─Solo desde esta mañana ─dijo Charmain, un tanto sorprendida al darse cuenta de que no había estado allí un día entero todavía. Parecían semanas.
─Oh ─Peter miró a las tazas de té a través de las burbujas flotantes, como si estuviera calculando cuantas tazas de té se había bebido Charmain─. Parece como si hubieras estado aquí semanas.
─Estaba así cuando llegué ─dijo Charmain con un tono frío.
─¿Qué? ¿Las burbujas también? ─dijo Peter.
 Charmain pensó: «No creo que me guste este chico».
─No ─dijo ella─. Eso he sido yo. Me olvidé de que había dejado mi jabón en la chimenea.
─Ah ─dijo Peter─. Pensé que parecía como si un hechizo hubiera salido mal. Por eso había asumido que también eras una aprendiza. Tendremos que esperar a que se gaste el jabón entonces. ¿Tienes algo de comer? Estoy famélico.
Los ojos de Charmain se dirigieron molestos hacia su bolsa en la mesa. Los apartó rápidamente.
─No. En realidad, no.
─¿Con qué estás alimentando al perro entonces? ─dijo Peter.
Charmain miró a Waif, que se había metido bajo la silla de nuevo para gruñir a la mochila de Peter.
─Nada. Acaba de tomarse medio pastel de cerdo ─dijo─. Y no es mi perro. Es un vagabundo que el Tío Abuelo William recogió. Se llama Waif.

[Continuará]

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