24 de junio de 2010

Capítulo 3 de House of Many Ways (Parte 2)

Bueno, después de mucho tiempo, aquí tenéis la seguna parte del tercer capítulo. Espero que haya valido la pena la espera. Desde luego, nosotros estamos muy contentos con la traducción y la edición. 

Sin más dilación, aquí tenéis House of Many Ways.
Traducido por Khardan.
Editado por Alexia.


El Paso Dos decía “Aplastar y Mezclar todos los ingredientes usando solo la Pluma”
No es fácil aplastar un huevo con una pluma, pero Charmain lo consiguió, apuñalando con la punta afilada la cáscara hasta que se rompió. Después, removió la mezcla con tanta energía que rápidamente su pelo le cubrió la cara en líneas rojas y, finalmente, cuando nada parecía mezclarse adecuadamente, dio golpecitos con la parte plumífera. Cuando finalmente levantó la vista, jadeando, y se echó el pelo hacia atrás con dedos pegajosos, el Livro había avanzado otra página más. Ahora mostraba “Hechizo para Encender un Fuego”, pero Charmain estaba demasiado ocupada evitando que el huevo se le pegase en las gafas como para verlo. Se las puso y pasó al Paso Tres.
El Paso Tres de este hechizo decía: Recite tres veces “Hegemonía Gritona”.
-Hegemonía Gritona -entonó obedientemente Charmain sobre el recipiente. No estaba segura, pero creía haber visto cómo en la tercera entonación pedacitos de huevo bullían uniéndose un poco a los botones. ¡Creo que está funcionando! pensó. Devolvió las gafas a su nariz y miró el Paso Cuatro. En estos momentos, estaba mirando el Paso Cuatro de “Hechizo para Unir Objetos a la Voluntad”
-Coja la pluma -decía el Paso -y, usando la mezcla preparada, escriba la palabra Ylf rodeada por una figura pentagonal. Debe tenerse cuidado de no tocar el papel al hacer esto.
Charmain cogió la goteante y pegajosa pluma, adornada con trocitos de cáscara de huevo y un trozo de pétalo rosa, y lo hizo lo mejor que pudo. No era fácil escribir con esa mezcla y no había manera de que el papel se quedase quieto. Se levantaba y se deslizaba, mientras Charmain mojaba y arañaba, y la palabra que se suponía que iba a ser Ylf salió pegajosa, semivisible y desmejorada. Parecía más Hoof que Ylf, porque el pelo rojo se salió de la pluma a la mitad e hizo cosas extrañamente circulares por la palabra. En cuanto al pentágono, el papel se levantó de lado mientras Charmain intentaba dibujarlo, y lo mejor que se podía decir de la figura era que tenía cinco lados. Acabó siendo una siniestra forma de color amarillo-yema-de-huevo con un pelo de perro sobresaliendo de una de las esquinas.
Charmain respiró una vez, aplastó de nuevo su pelo con una mano, que ahora era extremadamente pegajosa, y miró el último paso. Paso Cinco. Era el Paso Cinco de “Hechizo para hacer que un deseo se haga realidad”, pero estaba demasiado nerviosa como para darse cuenta. Decía: “Ponga la pluma de nuevo en el recipiente, dé tres palmadas y diga ‘Tacs’”
-¡Tacs! -gritó Charmain, dando unas palmadas fuertes y pegajosas.
Algo había funcionado, evidentemente. El papel, el recipiente y la pluma desaparecieron, silenciosa y completamente. También desaparecieron la mayoría de las gotas pegajosas del escritorio del Tío Abuelo William. El Livro de Palimpsest se cerró con un snap por sí mismo. Charmain se apartó, quitándose trocitos crujientes de sus manos, sintiéndose exhausta y un tanto deprimida.
-Pero debería poder volar -dijo para sí misma-. Me pregunto cuál será el mejor sitio para probarlo.
La respuesta era obvia. Charmain salió del estudio y atravesó el pasillo hasta llegar a la ventana que estaba invitadoramente abierta hacia el gentil valle verde. La ventana tenía un marco amplio y bajo, que era perfecto para escalar. En unos segundos, Charmain estaba fuera, bajo la luz de la tarde, respirando el frío y limpio aire de las montañas.
Estaba en lo alto de las montañas, con la mayor parte de High Norland extendida ante ella, ya cubierta por el manto azul de la noche. Delante suya, encendidas de un color naranja por el bajo sol y engañosamente cercanas, estaban los picos nevados que separaban su país de Strangia, Montalbino y otros lugares extranjeros. Tras ella, había más picos, donde unas nubes gris oscuro se estaban apiñando ominosamente.  Pronto llovería allí arriba, como solía pasar en High Norland, pero por el momento era agradable y pacífico. Había unas ovejas pastando en otro valle, tras algunas rocas, y Charmain podía oír mugidos y el resonar de cencerros provenientes de una manada de vacas cercana. Cuando miró en aquella dirección, Charmain se quedó vagamente sorprendida al descubrir que las vacas se encontraban en un valle por encima suyo, y que no había ninguna señal de la casa del Tío Abuelo William o de la ventana por la que ella había escalado.
Charmain no dejó que esto la preocupara. Nunca había estado a esta altura de las montañas y estaba asombrada de lo hermoso que era. El césped en el que estaba era más verde que ninguno que hubiera visto en la ciudad. Aromas frescos brotaban de él. Venían, cuando miró más de cerca, de cientos y cientos de diminutas y exquisitas flores que crecían entre el césped.
-¡Oh, Tío Abuelo William, qué afortunado eres! ¡Disfrutar de tener esto al lado de tu estudio!
Por un momento, ella vagó dichosa por allí, evitando a las abejas que se movían, ocupadas, entre las flores y recogiendo un ramo de ellas que se suponía que estaba compuesto de una de cada. Recogió un diminuto tulipán escarlata, uno blanco, una flor dorada con forma de estrella, una pálida prímula enana, una campánula malva, una nierembergia* azul, una orquídea naranja y una de cada color de los terrones poblados de rosa, blanco y amarillo. Pero las flores que más le llamaron la atención fueron unas diminutos jazmines de Carolina azules, más vibrantemente azules que cualquier azul que pudiera haber imaginado. Charmain pensó que podían ser gencianas y cogió más de una. Eran tan pequeñas, tan perfectas, y tan azules. Todo el tiempo había estado alejándose más por el valle, hasta donde parecía haber un pequeño balate de algún tipo. Pensó que podría saltar y comprobar si el hechizo le había hecho verdaderamente capaz de volar.
Alcanzó el balate cuando se dio cuenta de que llevaba más flores de las que podía. Había seis nuevos tipos en el borde rocoso que tuvo que dejar donde estaban. Pero entonces se olvidó de las flores y simplemente disfrutó de la vista.
El valle acababa en un precipicio que era la mitad de la montaña. Muy, muy debajo suya, al lado de un pequeño hilo de carretera, podía ver la casa del Tío Abuelo William como una diminuta caja gris en mitad de una mancha de jardín. Podía ver otras casas, igualmente distantes, esparcidas arriba y abajo por la carretera, y luces saliendo de ellas  en diminutos parpadeos anaranjados. Estaban tan abajo que Charmain tragó y sus rodillas temblaron ligeramente.
-Creo que dejaré la práctica de vuelo para otro momento. ¿Pero cómo conseguiré bajar de aquí? -preguntó un pensamiento atenuado.
-No pensemos en ello ahora -respondió firmemente otro pensamiento interno-. Disfrutemos simplemente de las vistas.
Podía ver la mayor parte de High Norland desde aquí, después de todo. Tras la casa del Tío Abuelo William, el valle se encogía entre dos colinas con destellos blancos de cascadas, donde el paso llevaba a Montalbino. Por el otro lado, tras el grupo de montañas donde se encontraba el valle, el hilo de la carretera se unía al hilo más zigzagueante del río y ambos desaparecían entre los techos, las torres y las torretas de la ciudad de High Norland. Allí también había luces, pero Charmain todavía podía ver el famoso techo dorado de la Mansión Real, con el parpadeo de la bandera sobre él, y pensó que podía decir cuál era la casa de sus padres. Nada estaba demasiado lejos. Charmain estaba bastante sorprendida de ver que el Tío Abuelo William solo vivía en el borde de la ciudad.
Tras la ciudad, el valle se abría. Era más luminoso allí, sin la sombra de las montañas, fundiéndose en el horizonte con trozos de luz anaranjada. Charmain podía ver la larga e imponente figura de Castel Joie, donde el príncipe heredero vivía, y otro castillo del que no sabía nada. Este último era alto y oscuro, con humo saliendo de una de sus torretas. Tras él, la tierra se fundía en un azul lleno de granjas, pueblos e industrias que formaban el corazón del país. Charmain pudo ver incluso el mar, neblinoso y débil, más allá.
No somos un país muy grande, ¿verdad?
Pero este pensamiento fue interrumpido por un zumbido agudo proveniente del ramo de flores que sostenía. Lo levantó para ver qué causaba ese zumbido. Arriba en el valle, el sol aún era asombrosamente brillante, suficiente para que Charmain viera que uno de los jazmines de Carolina azules se agitaba y vibraba con el zumbido. Debía de haber cogido uno con abeja por descuido. Charmain sostuvo las flores boca abajo y las agitó. Algo purpúreo y que zumbaba cayó al césped cerca de sus pies. No tenía exactamente forma de abeja, y en vez de salir volando como hubiera hecho una abeja, se sentó y zumbó. Mientras zumbaba, creció. Charmain dio un paso lateral nerviosa alejándose de él por el borde del precipicio. Era más grande que Waif y seguía creciendo.
Esto no me gusta. ¿Qué es eso?

Antes de que pudiera moverse, o incluso pensar, otra vez, la criatura creció de repente hasta el doble de la altura de una persona. Era de color púrpura oscuro y tenía forma humana, pero no era un hombre. Tenía pequeñas alas púrpura transparentes en su espalda que estaban borrosas y silbaban con el movimiento, y su cara era… Charmain tuvo que apartar la mirada. Su cara era la faz de un insecto, con trozos que se movían a tientas y trocitos para sentir las cosas, antenas y ojos saltones que tenían como mínimo otros dieciséis más pequeños dentro.
-¡Oh, cielo santo! -susurró Charmain-. ¡Creo que esta cosa es un Lubbock!
-Soy EL Lubbock -anunció la criatura. Su voz era una mezcla entre zumbido y gruñido-. Soy el Lubbock y esta tierra es mía.
Charmain había oído hablar de los Lubbbocks. La gente de la escuela había hablado de los Lubbocks y nada de lo que se decía era agradable. Lo único que se podía hacer, según decían, era ser muy educado y tener la esperanza de salir vivo sin ser picado y comido.
-Lo siento mucho. No me había dado cuenta de que había entrado en tu valle.
-Dondequiera que pises es terreno mío -gruñó el Lubbock-. Todo lo que ves es mío.
-¿Qué? ¿Todo High Norland? ¡No digas tonterías!
-Yo nunca digo tonterías. Todo es mío. Tú eres mía -con las alas silbando, empezó a avanzar hacia ella apoyándose en los pies más antinaturalmente parecidos a una burbuja con hilos-. Volveré a reclamar lo que es mío muy pronto. Ahora te reclamo a ti.
Avanzó rápidamente con un silbido hacia Charmain. Alargó los brazos. También salió un aguijón dentado en la parte inferior de su rostro. Charmain gritó, lo esquivó y se cayó por el borde, desparramando flores durante su caída.

*La nierembegia es una flor con forma de copa.  http://es.wikipedia.org/wiki/Nierembergia

[Leer el capítulo 4]

1 comentario:

  1. ...La próxima vez sigo subiendo yo las actualizaciones. Me parece que se te ha olvidado poner unas cuantas cursivas o algo así. De todas fromas eso me ha recordado que tengo que acabar yo mi capítulo tres de HakuYou xDD (Ais, hemos perdido práctica -yo, al menos-, me va a costar ponerme...)

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