26 de marzo de 2010

HakuYou - Cap 2 (72-79)

Según la página inglesa, esta parte debería ser la última, pero cuando la vi, quedaba muy largo, por lo que he tenido que acortarlo en otra parte más. Lo miré en los raws japoneses y lo corté justamente por las páginas que pone arriba, que se corresponden a la perfección con este trozo (me sorprendí a mí misma al ver que no era tan difícil leerlo en japonés). Así que la siguiente parte será la última y definitiva para acabar el capítulo. Mientras llega, disfrutad con este cacho.

Créditos por la versión inglesa: Kage Dreams
Traducción al español: Alexia
Editor: Khardan 



-Señor Rowen, ¿se puede saber a qué ha venido todo eso? ¿Intentabas tratar al conde como a un criminal?
-No, ehm... Capitán de Corbeta, solo estaba pensando que se parecían.
-No se parecen en nada. El retrato del culpable era claramente el de un villano.
-Es verdad, pero uno no se puede fiar de los bocetos. Por no mencionar que... el color del pelo y de los ojos son sus rasgos clave. Si lo compara, eso haría que las cosas fueran obvias.
El oficial, que había estado dando grandes zancadas por el pasillo, se detuvo de repente y se volvió hacia el miembro de su tripulación.
-Entonces dime, ¿pensabas pedirle al conde que sacara la lengua?
Nico, que había estado tomando una siesta sobre el soporte de mármol de una de las lámparas del pasillo, movió nerviosamente las orejas por haber sido interrumpido de su siesta.
-¿De verdad piensas que no habría consecuencias por pedirle hacer algo tan humillante? No solo se negaría, sino que obviamente se quejaría a los altos mandos. Por no hablar de que es el asesino estadounidense el que supuestamente tiene un tatuaje en forma de cruz en la lengua. Deja que sean los periódicos los que lo confundan con el ladrón de Londres.
-...Lo siento. Pero, ehm... ¿realmente fue ejecutado en Estados Unidos? Se decía que el asesino ladrón conocido como Sir John era una persona noble y muy carismática, pero corre el rumor de que el cuerpo que colgaron no se le parecía en absoluto...
El Capitán de Corbeta se encogió de hombros, haciendo caso omiso a su subordinado.
-¿Acaso los ahorcados tienen algún aire de nobleza o carisma? Por no mencionar que te equivocas en una cuestión muy básica. No estamos buscando a los ocupantes de los camarotes de clase especial, sino que estamos buscando matones escondidos en alguna parte.
-Uhm... -Nico se atusó los bigotes y vio cómo los dos militares pasaron por el camarote de Lydia, antes de salir andando sobre dos patas-. Me pregunto... -murmuró para sí mismo.

Después de desembarcar en el puerto de Scarborough, Lydia y los demás siguieron en tren en dirección oeste. La escena que se veía a través de la ventana del tren era lisa y monótona. Lydia todavía se sentía incómoda y era muy duro tener que sentarse en el compartimiento frente a Edgar sintiéndose de esa forma. Como resultado, de vez en cuando, se levantaba de su sitio sin motivo aparente.
-Ey, ey, si te comportas así de nerviosa, van a sospechar -Nico apareció en el pasillo, sobre sus dos patas.
-Ey, Nico, sobre lo que me contaste antes, ¿de verdad crees...?
-El oficial dijo que no es él, así que tal vez no lo sea.
-Cierto, no puedo imaginarme a un ladrón asesinando y siendo capaz de hablar en un inglés tan perfecto.
Aunque eso pensaba ella, aún no podía evitar desconfiar. No cabía duda de que, desde que se conocieron, Lydia había sospechado de todo lo que rodeaba a Edgar.
-Como dije, solo tienes que echar un vistazo a su lengua.
Se había enterado de lo del tatuaje en forma de cruz por Nico, que había escuchado la conversación del Capitán de Corbeta. Lydia no podía entender cómo de loco había que estar para que, no solo se le ocurriera la idea de tatuarse la lengua, sino también para llevarlo a cabo. Pero esa información era muy valiosa. Desde que lo supo, Lydia había estado luchando para averiguar cómo podía comprobarlo.
-Pero la lengua no es algo que normalmente puedas ver. Y es el de Estados Unidos el que se supone que tiene el tatuaje. Incluso aunque no lo tenga, no probará que no es el ladrón de Londres.
-Bueno, para empezar, te sentirás más segura si sabes que no es un asesino, ¿no? Al menos, la víctima de Londres todavía sigue con vida.
Que podría haber sido por casualidad. Pero tal vez fuera como decía Nico. Si era posible, quería estar segura. Pero, al final, a Lydia no se le ocurrió qué hacer y acabó volviendo al compartimiento.
Echando un vistazo a Edgar, vio que su bastón estaba en el regazo, mientras se apoyaba contra la ventana con los ojos cerrados. Quizá estaba durmiendo.
Tengo que hacer algo mientras tenga alguna oportunidad...
Lydia se acercó más a él, que no mostró signos de despertarse. Incluso durmiendo así, con el mentón apoyado en su mano, se veía muy refinado. Todo lo que se necesitaba era un buen marco, y la escena podría convertirse en un hermoso cuadro. Su cabello dorado dejaba caer una débil sombra sobre sus pálidas mejillas.
La atención de Lydia se centró en sus labios, pero independientemente de cuánto mirase su boca, naturalmente no había forma de ver su lengua. Cualquier cosa que se le ocurría, indicaba que no habría forma de que Edgar no se despertase si le metía un dedo en la boca. Lydia se puso de cuclillas frente a él, con la mirada a la altura de sus labios. Era completamente incapaz de alejarse.
¿No suelen tener los hombres las facciones más rudas?
Tenía las pestañas largas, los labios bien formados y la línea de la mandíbula fina y bien delineada.
Sintiéndose casi como si estuviera admirando una obra de arte, Lydia se vio repentinamente impulsada por el deseo de tocarlo. Pero cuando extendió un dedo, los labios de él se movieron ligeramente en una leve sonrisa. Edgar abrió los ojos, y Lydia se encontró de repente mirándose fijamente en sus ojos.
-¿Puedo ayudarte?
Lydia se congeló, con el dedo todavía delante de sus narices.
-Pensé que ibas a besarme y decidí seguir fingiendo estar dormido, pero no esperé que fueras a intentar golpearme.
-Eh... ehm... esto...
-Puedes tocarme, si quieres.
-Eh, eso no es...
Lydia se apresuró en retirar su mano. Pero cuando intentó alejarse, Edgar la agarró por el hombro.
-Ah, lo siento. No debo avergonzar a una dama. Si ese es tu deseo, entonces estaré más que feliz de complacerte.
Lydia se turbó cuando su rostro se acercó al suyo.
-¡E... eso no! Tu lengua...
-¿Lengua? No me esperaba que prefirieras un beso más profundo.
-¡¿En qué estás pensando?!
Lydia intentaba desesperadamente de apartar a Edgar cuando, por encima de su hombro, vio entrar en el compartimiento a Raven con el té. Sin embargo, él ignoró completamente la difícil situación en la que se encontraba Lydia, mientras Edgar intentaba empujarla contra el asiento. Raven, inexpresivo, dejó el té en la mesa antes de darse la vuelta para abandonar la habitación.
-¡Ey! ¡Tú, ahí! ¡Ayúdame!
-Raven no me detendría incluso si ahora mismo estuviera a punto de partir tu delgado cuello.
Eso era un grado increíble de lealtad. ¿Es que eran todos ellos camaradas ladrones?
Lydia perdió repentinamente la paciencia. Por un instante se olvidó de sí misma, y perdiendo los modales que había mantenido al tratar con un conde, alzó su mano contra él firmemente como si fuera un villano. Edgar dejó ir finalmente a Lydia cuando recibió el impacto de su golpe. Sin embargo, eso no fue suficiente para satisfacer a Lydia, y viendo una taza de té, la agarró y la arrojó contra Edgar.
-¡Mi señor!
Lydia volvió a la normalidad al escuchar la voz de Raven. Pero en ese momento, el sirviente ya se había interpuesto entre los dos, y el té caliente se derramó por todo su brazo.
-Lo... lo siento. Tienes que enfriar tu brazo de inmediato.
-No hay necesidad de preocuparse. Estoy bien. Iré a preparar más té.
-Eso no importa, ve a buscar a Ermine para que te cure.
Lydia suspiró cuando Raven asintió obedientemente ante las palabras de Edgar y salió de la habitación.
-Bueno, no te preocupes tanto -dijo Edgar con calma.
-¡E...es todo culpa tuya! Forzar... Por no hablar de que dijiste algo tan horrible como romperme el cuello.
-Era solo un ejemplo.
-¡Si solo te hubiera dado con el té! ¡No tenía ninguna intención de herir a Raven!
-Hum, ¿así que no estás para nada preocupada por mí a pesar de haberme pegado?
-¡Por supuesto que no! -espetó Lydia antes de huir del compartimiento.
Lydia descubrió la oscura figura de Raven junto al fregadero.
-No te molestes, Lydia. No hay duda de que incluso mataría a una mujer si intentara hacerle daño a su conde -murmuró Nico cuando Lydia se acercó a Raven.
A Lydia le asaltaron las dudas ante el comentario de Nico, pero no se sentía cómoda fingiendo que no había pasado nada, a pesar de que le había lanzado té hirviendo.
Aunque lo más probable era que Raven la hubiera oído, no se dio la vuelta mientras se aproximaba.
-Uhm, ¿te has quemado? -preguntó Lydia vacilante.
-No es nada grave. Más bien...
Raven finalmente se dio la vuelta. Como siempre, no sonreía, pero tampoco parecía estar enfadado.
-Tal y como usted había dicho, debería haber detenido a mi señor en ese momento.
-¿Lo dices porque así no hubiera intentado lanzarle té?
-Nunca pensé que haría algo así, señorita.
Lydia se sintió un poco molesta y su sentimiento de culpa por haberle causado daño a Raven se desvaneció parcialmente.
-Te haré saber que no todas las damas disfrutan de los avances de Edgar.
-Sí, eso he descubierto.
Su respuesta sincera dejó claro que nunca había estado tomándola el pelo ni culpándola. Dada su forma de hablar, y a pesar de su falta de expresión, Lydia no pudo evitar sentir que era más fácil de entender que Edgar.
-¿Cuántos años tienes?
Puesto que ya estaban hablando, Lydia decidió preguntarle algo sobre lo que había estado pensando.
-Dieciocho.
-Ya veo. Eres un año mayor que yo.
-Parezco joven para mi edad.
Incluso eso, lo dijo muy serio.
Tal vez se debía a sus grandes ojos, pero ciertamente parecía mucho más joven de lo que era, por lo que Lydia consideró que, si sonreía, daría la impresión de ser muy amigable.
-Ey, ¿de verdad no detendrías a Edgar si estuviera intentando matar a alguien?
-No importa detenerle, lo más probable sea que fuera yo el que realizara el asesinato.
La respuesta tan calmada de Raven hizo que Lydia tuviera escalofríos. Al diferencia de Edgar, cuando Raven decía algo, no sonaba lo más mínimo como si se tratase de una broma.
-¿Te ensuciarías las manos por el bien de tu señor? ¿No crees que estás confundiendo lo que es la lealtad yendo tan lejos?

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1 comentario:

  1. (Al fin puedo poner un comentario 6¬¬)

    Por lo que más quieras: sigueeeee!!! como lo dejes me muero. Necesito seguir leyendo esta serie, que me encanta. De verdad que sí. Espero con muchísimas ganas que continues con la traducción.

    Un beso muy fuerte.

    Albie (Maná en ForosLLG)

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