16 de marzo de 2010

HakuYou - Cap 2 (64-71)

Bueno, como descubrí recientemente que la traducción que hice sobre la gema de la espada estaba mal, ya que realmente existe y se llama "zafiro estrellado", lo he corregido en las partes en las que aparecía con anterioridad.
Y sobre este trozo solo tengo que comentar lo de changeling. No creo que nuestro doctor de hadas lo comente en su diario, así que lo explicaré brevemente por aquí. Según algunas leyendas, el changeling (también conocido como "niño cambiado") es el hijo de un fae que es sustituido por el de un humano. Para más información, consultad la wikipedia.

Créditos por la versión inglesa: Kage Dreams
Traducción al español: Alexia
Editor: Khardan 



Después de eso, cada vez que Lydia abandonaba su camarote, Ermine la acompañaba. Y dado que le hablaba alegremente, descubrió que no tenía el mismo aire enigmático que Raven. Pero eso podía ser solo una mascarada. Al fin y al cabo, era una de las sirvientas de Edgar.
-Señorita Lydia, hoy hace mucho sol -dijo Ermine mientras sostenía una sombrilla sobre Lydia, que había salido sola a la cubierta.
Aunque había pasajeros que miraban con curiosidad a la sirvienta vestida de hombre, Ermine los ignoraba. Y, si bien Lydia no era tan delicada como otras damas a las que les asustaba ponerse morenas, no podía evitar sentir envidia de la piel blanca de Ermine.
-Hace un tiempo sorprendentemente bueno para tratarse de este país.
Al decirlo, su mirada parecía expresar nostalgia del sol de otro país.
-Señorita Ermine, ¿has estado en otro país?
-Por favor, llámame Ermine. Sí, no soy inglesa.
-Ahora que lo pienso... Edgar había dicho que había estado viviendo en el extranjero todo este tiempo... así que era verdad.
-¿No confías en el señor Edgar?
-Es que todo lo que le rodea... La forma en la que nos conocimos, por ejemplo. De repente me agarró por detrás. Por no mencionar que es difícil decir si es bueno o terrorífico, o si es o no un caballero... ¡¿Realmente es un conde?!
Ermine se limitó a sonreír dulcemente sin decir nada sobre su amo.
-Y por no hablar de Raven. Es joven, pero es como si no tuviera ninguna expresión. ¿Edgar le ha dicho que no sonriera o algo así? Parece la clase de persona que, si se lo ordenan, haría cualquier cosa.
-Raven es de esa clase de niño. Te aseguro que no le han obligado ser así. Ah, pero si el señor Edgar lo hiciera, probablemente cumpliría la orden por completo.
La forma en que Ermine había dicho «esa clase de niño» revelaba una cierta cercanía entre ellos y daba la impresión de que estaba velando por él con cariño.
Ermine debió haber sentido la pregunta de Lydia porque añadió:
-Raven es mi hermano pequeño.
-¿Eh? Pero...
-Nuestro color de piel es diferente porque tenemos distintos padres. Señorita Lydia, entiendo que sabes mucho sobre los fae. ¿Has estado alguna vez en su mundo?
-...Bueno, sí. Aunque no lo creas, la forma de acceder a su mundo está en todas partes. La frontera entre el sol y la sombra, los lugares donde el viento cambia bruscamente de dirección, los matorrales de espino o de saúco, o la sombra de un trébol.
-En mi país creemos en los espíritus, aunque son de una naturaleza malvada. De vez en cuando, hay niños que dicen llevar en su interior la sangre de estos espíritus cuando nacen. Raven es uno de ellos.
-¿Eh? ¿En serio? ¿Así que él también puede ver espíritus y hablar con ellos?
-No estoy segura. No le gusta hablar con nadie de espíritus.
Lydia podía entender por qué. Si ella tuviera una personalidad callada, probablemente hubiera sido igual. Aunque en su caso, también se habría centrado más en ese misterioso mundo con el fin de no olvidar a su madre. Pero en el caso de Lydia también había habido rumores cuando era pequeña de que era un changeling. No se parecía ni a su madre ni a su padre, sus ojos eran de un color muy inusual y su mirada, aún estando en la cuna, seguía cosas que no estaban allí. Se echaba a reír de repente y, cuando creció un poco, hablaba con seres invisibles y jugaba constantemente por su cuenta, así que sus niñeras siempre la vieron como una niña espeluznante. Aunque podía ignorar el hecho de que la llamasen rara, que la llamaran changeling resultó muy duro para ella. Era como si la gente estuviera negando la relación y los recuerdos que tenía con su madre.
-Debe haber pasado momentos muy malos por su culpa. Al fin y al cabo, es difícil que la gente lo comprenda.
-Es verdad. Por no mencionar que, en el caso de Raven, es la encarnación de un espíritu maligno. Su existencia era vista como algo detestable, y fue su destino ser distanciado del mundo. Y, aunque yo soy su hermana, no puedo entender lo que le pasa ni lo que siente. Abandonamos nuestro hogar como si estuviéramos siendo perseguidos, pero finalmente encontramos el lugar al que pertenecíamos al lado del señor Edgar.
-¿...Porque es un conde del Reino de las Hadas?
-Independientemente de que sea o no un conde, es una persona muy triste.
¿Triste? Para Lydia, era arrogante y con carácter, que trataba a los demás como si fueran peones en un juego, y que se divertía haciendo tratos peligrosos o yendo tras la caza de tesoros.
Lydia inclinó la cabeza hacia un lado. Los labios rojos de Ermine se veían difuminados desde su posición, por lo que era difícil determinar si estaba sonriendo o si mostraba una expresión triste.
-Su amabilidad y su rigor no son más que una parte de su dolor. Es por eso que puede entender el nuestro. Aunque estaría bien que el Mundo de las Hadas pudiera darle paz de verdad.
¿Qué quería decir con paz de verdad?
Lydia no tenía forma de saber si Ermine se estaba refiriendo a que podría conseguirla por ser el descendiente del Conde Caballero Azul, y que al final de su empresa tendría que regresar allí, o que lo deseaba porque él no era el auténtico conde.
Edgar, Raven y Ermine. Los tres le habían mostrado tantas facetas tan distintas entre sí, que la imagen que tenía Lydia de ellos se tambaleó dudosa. De repente, se escuchó un silbido grave de emergencia que resonó antes de desaparecer por el despejado cielo azul. Un grupo de personas en la cubierta, que habían estado charlando, miraron hacia el mar y señalaron algo. Lydia también siguió sus miradas.
Era un barco de patrulla militar. La larga y negra sombra se les acercaba cada vez más. Cuando Lydia quiso darse cuenta, el barco en el que estaban comenzó a disminuir su velocidad.
-Me pregunto si ha pasado algo.
Ermine frunció el ceño con incertidumbre.
-Volvamos al camarote, señorita Lydia.
Ermine llevó a Lydia de vuelta al camarote de Edgar. Este estaba junto a la ventana observando el barco patrullero. Parecía casi enfadado. De repente sonrió como si hubiera algo divertido y se volvió hacia Lydia.
-Puede que Huskley nos esté buscando.
-¿Eh? Tienes que estar equivocado. ¿Usando a la marina?
-Bueno, pronto lo descubriremos.
Edgar no parecía especialmente preocupado, a pesar de que pronto podrían estar al alcance de Huskley.
Tal y como había dicho Edgar, poco después el capitán del barco apareció en su camarote. Según el capitán, cabía la posibilidad de que un peligroso individuo estuviera de polizón a bordo y el patrullero había venido a buscarlo. Tal vez Huskley había logrado convencer a alguien de alto rango de que ese era el caso. Era muy posible que alguien hubiera visto a Lydia y Edgar subiéndose al barco.
El oficial de marina que apareció tenía a varios hombres con él y se identificó con el rango de Capitán de Corbeta.
-Lo siento mucho señor, pero nos gustaría tener su permiso para buscar en su camarote -pidió cortésmente.
-Por supuesto. No nos gustaría que ningún individuo peligroso se estuviera escondiendo por aquí. No todas las habitaciones están en uso así que, por favor, sea minucioso en su búsqueda -dijo Edgar tranquilamente mientras se sentaba en el sofá.
Mientras sus hombres buscaban, el Capitán de Corbeta verificó las identidades de Raven y de Ermine y le planteó a Lydia unas sencillas preguntas antes de pedir permiso para revisar su camarote.
-Ehm... ¿Quién es esta persona tan peligrosa a la que estáis buscando? -preguntó Lydia con curiosidad para saber qué era lo que Huskley había informado, y si era él el que estaba detrás de todo esto.
-Se supone que es la persona responsable de un robo en Londres. Y dado que también se ha informado de que puede tener un rehén, se ha vuelto un asunto de la máxima urgencia.
-¿Un rehén?
-Sí, señorita. Puede haber amenazado a una joven dama y haberla obligado a ir con él. Una dama más o menos de su edad.
-Capitán de Corbeta, por favor, no la asuste. Ya es un tema bastante aterrador tal y como es. Corre un rumor de que el ladrón de Londres es también el que se dice que mató a un centenar de personas en Estados Unidos, ¿no?
Lydia finalmente recordó el artículo del periódico después de oír el comentario de Edgar. ¿Podría ser que Huskley estuviera utilizando al sospechoso fugado de un crimen real y pretendiera encontrar a Lydia a la par al añadir la información de que este tenía un rehén? Lo más probable es que Huskley no esperase que Edgar y Lydia tuvieran billetes y la marina estaba basando la búsqueda en gente que no estuviera en la lista de pasajeros del barco.
-Ah, discúlpeme. Pero, señor, el rumor de que él sea el asesino en masa de Norteamérica es simplemente porque se parecen físicamente. El asesino fue ejecutado.
Los oficiales informaron de que no había nada fuera de lo normal. De repente, uno de los hombre del Capitán de Corbeta, que había estado tomando notas detrás de él, habló.
-Pensándolo bien, el ladrón se supone que es un hombre joven de cabello rubio, con ojos morados y...
El Capitán de Corbeta frunció visiblemente el ceño.
-Señor Rowen, es suficiente.
-Ya veo, esos son los rasgos que tienen en común. Incluso hay alguien con esas características aquí -dijo Edgar sin problemas.
Lydia no pudo evitar mirarle. Si lo pensabas, él encajaba con la descripción. Pero si empezábamos así, quizás habría mucha gente que tuviera los mismos rasgos.
Pero...
Lydia sintió una extraña sensación de inquietud y no pudo apartar los ojos de Edgar.
-Tiene mucha razón. Bueno, nos vamos. Muchas gracias por su cooperación.
-Gracias.
Después de que el Capitán de Corbeta y sus hombres se fueran, Edgar se giró hacia Lydia al sentir su mirada. Ella rápidamente apartó los ojos de él, pero sus acciones eran tan poco naturales que estaba segura de que Edgar se había dado cuenta de sus sospechas, y no pudo evitar sentirse molesta consigo misma.
-Lydia.
-¿Q... Qué?
-Llegaremos a Scarborough en dos horas. Por favor, prepárate para desembarcar.
Edgar no preguntó nada y simplemente le dedicó su inquebrantable sonrisa de siempre.

[Sigue leyendo]

1 comentario:

  1. Ña... me encanta */* Tengo que reconocer que no esperaba tanto de estas novelas, pero está muy interesante.

    Siempre con la duda de si Edgar es un buen tipo... que yo no creo que lo sea. Me parece demasiado Lupin para ser un conde protector.

    En cuanto a Ermine... que agradable xD

    ResponderEliminar