21 de febrero de 2010

HakuYou - Cap 1 (36-43)

Penúltima parte del capítulo 1 de Hakushaku to Yousei. Con una nota de traducción al final de la parte.

Créditos por la versión inglesa: Kage Dreams
Traducción al español: Alexia
Editor: Khardan 




-¡Oh! Así pareces aún más bella.
-Por favor, no te burles de mí.
-¿Por qué habría de hacerlo? Aunque creo que serías aún más guapa si sonrieras un poco más.
-¿Por qué motivo debería sonreír?
-Para mí.
Pero de qué va este tipo. Lydia dejó que su indignación se reflejara en su rostro.
-...Ahora que lo pienso, ¿por qué tengo que asistir a la cena?
-Pero tienes hambre, ¿no? -preguntó con calma.
Bueno, era verdad. Solo había comido al mediodía un trozo de pan que había ido mordisqueando mientras esperaba el carruaje.
-No me refiero a eso. Estaría más cómoda comiendo sola.
-Eso sería un desperdicio. No habría ninguna posibilidad de presumir de ti ante ellos.
-¡¿Qué?! No soy uno de tus accesorios.
-Claro que sí. Tú eres la atracción principal, mientras que yo desempeño un papel secundario, apoyándote. Estoy seguro de que daremos una buena impresión. Si bien es cierto que estar mal acompañada puede ocasionar que la gente tenga en baja estima a la dama, si se hace bien, puede dar una impresión mucho más encantadora por ambas partes.
Al final, solo lo haces por ti. Por desgracia, alcanzaron el comedor antes de que Lydia pudiera protestar.
El portero abrió respetuosamente la puerta, y primero le dio paso a Lydia, tal y como correspondía a una dama, así que esta no tuvo más remedio que entrar.
-Y ahora, tú podrás hacer alarde de mí, Lydia.
Qué palabras tan insolentes.
Pero eran solo palabras.
La música sonaba por todas partes del espacioso vestíbulo, como una ola con los destellos de la lámpara de araña, la cubertería de plata y las joyas que llevaban las mujeres. Las conversaciones superficiales se podían escuchar en varias mesas. De cualquier forma en que lo mirases, los modales de Edgar, mientras escoltaba a una insegura Lydia por el salón, eran completa y absolutamente los de un miembro de la nobleza.
Cuando había estado pobremente vestido, su esbelta figura no parecía imponer. Sin embargo, vestido con un traje de etiqueta hecho a medida, parecía alguien que nunca hubiera conocido lo que era el trabajo duro.
Sus ropas eran de un blanco puro con el cuello alto y corbata en cascada. Llevaba una violeta de tres colores en el ojal. Probablemente no hubiera mucha gente que tuviera un rostro noble que transmitiera la combinación del entusiasmo y la dulzura de sus rasgos, con su cabello rubio brillante. Lo más seguro es que casi todo el mundo tuviera la misma opinión que Lydia. El joven conde no solo encantó al marqués y a su esposa, sino también a todas las otras personas de alta alcurnia de la mesa.
En cuanto a Lydia, fue presentada como una amiga y, al no tener que prestar una atención especial a ninguna cosa, fue capaz de concentrarse silenciosamente en la comida.
Según la historia de Edgar, Lydia era la hija de una buena familia que había estado con sus abuelos haciendo obras de caridad en una escuela primaria de Edimburgo, y se dirigía hacia Leeds para asistir a la boda de una vieja amiga. Su estricto padre se había mostrado reacio a dejar ir a su hija en tan corto viaje, pero cuando Edgar se ofreció a acompañarla, su padre finalmente cedió.
Bueno, desde luego es bueno inventando historias.
-Aún así, es muy considerado por su parte hacer eso por su amiga.
-Cualquiera haría lo que pudiera si pensara que podría ganarse el favor de una hermosa amiga. ¿No cree, conde?
-¡Así es! Ella, sin embargo, sigue negándose a considerarme como algo más que un amigo.
Nos acabamos de conocer hoy.
Sus actos, tan singularmente caballerosos, hicieron que el marqués y su esposa lo mirasen como si fuera su nieto, y tuvo éxito en dar una fuerte impresión de inocencia a todos los miembros de mayor edad de la mesa.
-Vaya, qué desperdicio.
-Viajar en barco no es algo que uno pueda hacer todos los días, y se supone que eso hace que las mujeres sean un poco más dulces, ¿no es así, señorita?
-¿Es eso cierto, Lydia?
Su voz suave daba la impresión de que realmente se sentía atraído por ella, haciendo a Lydia sentirse un poco extraña.
-...Supongo -respondió Lydia sin rodeos y sin sentirse incómoda, aunque también lo hizo con un deje un poco molesto.
Edgar solo pudo hacer un ligero y solitario encogimiento de hombros. Con esa reacción, sin duda planeada, compró la simpatía de todos los comensales.
-Como alguien en quien confía su padre, me duele no poder conseguir más que esto.
A pesar de que el encantador y joven conde se sentía atraído por ella, la virtuosa joven dama se negaba a bajar la guardia. Edgar hizo que Lydia pareciera casi como una santa.
Así que esto era a lo que se refería con lo de presumir de ella.
Solo por estar a su lado, las jóvenes damas de otras mesas miraban a Lydia con envidia. Pero eso no tenía sentido para ella. A pesar de que pudiera sentirse bien allí, Edgar no era realmente su amigo y era como si estuviera revestida de joyas falsas. Así que, ¿por qué quería Edgar a una supuesta amiga adornándole el brazo? Si bien parecía que se divertía con su juego, también parecía ser como una de las piezas del tablero. Alguien que, fuera del tablero, no existía.
¿De verdad es un conde?
-¡Ah, ahora que lo pienso! Conde Ashenbert, usted desciende del famoso Conde Caballero Azul, ¿no es verdad? -preguntó un hombre sentado al extremo de la mesa. Era un erudito que hasta hace un momento había estado hablando animadamente sobre Chaucer.
-Famoso es ir un poco lejos. Aunque no sea tan famoso como Hamlet, muchos ingleses consideran al Conde Caballero Azul de la misma forma; como un personaje ficticio.
-¡Oh! ¿Quiere decir que el Conde Caballero Azul existió de verdad? Estoy familiarizado con el trabajo de F. Brown, pero era más bien una historia de fantasía.
Lydia también conocía la leyenda del Conde Caballero Azul y escuchó con interés al oír que Edgar pertenecía a esa línea de sangre (cosa que no se esperaba).
Interrogado por una mujer noble, el erudito comenzó a explicar.
-Sí, señora. La historia se basa en un caballero que le juró lealtad a Eduardo I. Antiguamente, cuando el rey era todavía el príncipe heredero, se dirigieron juntos a las Cruzadas. Decía que venía de la Tierra de las Hadas, y contaba leyendas y aventuras de países extranjeros, y se decía que había sido de lo más encantador... Según el trabajo de Brown, el trabajo de los seguidores de los fae del Conde Caballero Azul era muy fiable, y dio como resultado una fantástica obra de ficción. A parte de los seguidores de las hadas, existía alguien conocido como el Conde Caballero Azul entre los consejeros cercanos del Rey Eduardo -Edgar no dijo nada y solo asintió dejando que el erudito hablara cuanto quisiera-. Incluso ahora, por decreto del Rey Eduardo I, el Conde Caballero Azul sigue manteniendo el título de Conde inglés. Dado que también es un noble en la Tierra de las Hadas, y su juramento de lealtad es eterno, significa que el monarca inglés también reina sobre las tierras imaginarias donde viven las hadas. Es muy propio del humor inglés ¿no cree?
-Está equivocado. El Conde Caballero Azul realmente era un noble de los fae -dijo Lydia sin pensar.
Todo el mundo se la quedó mirando.
Ah, se van a burlar otra vez de mí. Aunque pensara eso, se había ofendido por las palabras del erudito y se negó a permanecer en silencio.
-Umm... pero señor... ¿Cómo puede decir que el Conde Caballero Azul existe, y al mismo tiempo declarar que la Tierra de las Hadas es una tontería creada por la gente? Están en los mismos términos, y decir que una parte es real mientras que la otra es inventada no tiene ningún sentido.
-Señorita, mientras que los cuentos de hadas son pura fantasía, hay documentos que constatan el momento en el que al Conde Caballero Azul le confirieron el rango de conde, así que no hay duda de que él es real.
-Así es. Sin embargo, esos documentos recuerdan al Conde Caballero Azul como el Conde de Ibrazel. Ibrazel es una tierra legendaria de los fae más allá del mar en gaélico. Lo que significa que eso también es real. ¿Acaso la gente de aquel tiempo consideraría el Reino de las Hadas como algo inventado? -respondió Edgar sonriendo.
¿Me ha protegido?
Las extrañas miradas que se clavaban en Lydia se redujeron rápidamente.
-Desde luego, la gente en el pasado no dudaba de la existencia de las hadas o de los demonios, así que quizás Eduardo I fuera igual. En ese caso, me gustaría preguntarle si realmente posee tierras en el Reino de las Hadas.
-Por supuesto. Me han sido legadas por la anterior generación de mi familia -habló con tanta facilidad, que podría haber sido tomado como una verdadera muestra del humor británico.
-¡Oh! Me encantaría recibir una invitación para ir allí.
-Es una tradición familiar que la única persona que pueda ser llevada allí sea la esposa del conde.
-¡Vaya, vaya! Entonces puedo entender por qué la señorita Lydia cree en el Reino de las Hadas si es cortejada con palabras como esas.
-¿Significa que podría haber alguna esperanza? -Edgar le dirigió a Lydia otra tierna mirada.
Aunque la conversación fue llevada con la clara intención de hacer una broma, nadie negó la existencia de las hadas. Era un sentimiento extraño. Casi como si estuvieran jugando a creerla. Lydia, en lugar de ser objeto de burlas, había sido tratada cariñosamente gracias a las habilidades de conversación de Edgar.
A pesar de que a Lydia no le gustaba su cabello caoba, le echaron cumplidos envidiosos sobre él porque era muy liso. Y sus ojos verdes hacía que la gente pensara en brujas o en hadas, siendo comparados con la olivina*. Lydia se sintió embriagada por el excelente vino, los reflejos de la lámpara de araña y la atmósfera perfumada. Sin nada que hacer, se preguntaba si era posible que el noble humano que supuestamente reinaba sobre las hadas (el descendiente del Conde Caballero Azul) pudiera entenderla.

*N/T: Es una piedra semipreciosa de color verde opaco que, dependiendo de la luminosidad que reciba, es más suave o más oscuro.

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