1 de mayo de 2009

El Castillo en el Aire 2

Y aquí está el capítulo 2 de El Castillo en el Aire, que me ha dado más problemas que el anterior, todo hay que decirlo.
Traducción: Khardan

Edición: Alexia




2
En el que Abdullah es confundido con una joven dama.

Al despertarse, se encontró tumbado en un banco, con la alfombra aún debajo, en un jardín más hermoso que cualquiera de los que hubiera imaginado.

Abdullah estaba convencido de que aquello era un sueño. Ahí mismo estaba el jardín que había estado intentando imaginar en el momento en el que aquel extraño le había interrumpido de manera tan descortés. La luna estaba prácticamente llena y se encontraba en lo alto del firmamento, pintando con una luz blanca un centenar de pequeñas y fragrantes flores en el césped que le rodeaba. A su alrededor, lámparas amarillas colgaban de los árboles, dispersando las densas sombras de oscuridad que la luna provocaba. Abdullah pensó que eso era una idea muy reconfortante. Debido a las dos luces, blancas y amarillas, podía ver una arcada donde las enredaderas rodeaban elegantes pilares que estaban más allá del claro en el que se encontraba y, desde algún lugar oculto tras ella, se escuchaba caer el sonido silencioso del agua.

Era tan bello y tan paradisíaco que Abdullah se levantó y marchó en busca del agua escondida mientras paseaba bajo la arcada, donde flores blancas y estrelladas acariciaban su rostro silenciosamente a la luz de la luna, y donde flores acampanadas despedían el más gentil y embriagador aroma. Como haría cualquiera en sueños, Abdullah acarició con el dedo un gran lirio blanquecino y se adentró delirante por la belleza de un pálido rosal. Nunca había soñado con algo tan hermoso.

El agua, que encontró tras unos arbustos que aún goteaban rocío, era una simple fuente de mármol en otro claro. Estaba alumbrada por hileras de lámparas en los arbustos, lo que convertía la ondulada superficie del agua en una maravilla de medialunas de oro y plata. Abdullah vagó hacia allí embelesado.

Sólo faltaba una cosa para completar su estado de éxtasis y, como ocurría en los mejores sueños, allí estaba. Una chica extremadamente hermosa llegó a través del claro para encontrarse con él, caminando suavemente sobre el manto de hierba con los pies descalzos. Los adornos de gasa que flotaban alrededor de su cuerpo delineaban su esbelto, que no delgado, cuerpo, justo como el de la princesa de las fantasías de Abdullah. Cuando estuvo cerca suya, vio que su cara no era un óvalo tan perfecto como lo hubiera sido la cara de su princesa soñada, ni sus enormes ojos oscuros eran de ninguna forma misteriosos. De hecho, examinaban su rostro con avidez, con un interés evidente. Abdullah rápidamente reajustó su sueño, pues ella era ciertamente muy bella. Y cuando habló, su voz era todo lo que él podría haber deseado, ligera y alegre como el agua en la fuente y también la voz de una persona muy real.

-¿Eres un nuevo tipo de sirviente? -interrogó ella.

La gente siempre pregunta cosas raras en los sueños, pensó Abdullah.

-No, obra maestra de mi imaginación -respondió él-. Sabed que en realidad soy el hijo perdido hace mucho tiempo del príncipe de una lejana tierra..

-Oh. Entonces eso puede crear una diferencia. ¿Significa eso que eres un tipo diferente de mujer que yo?

Abdullah miró a la chica de sus sueños con algo de perplejidad.

-¡No soy una mujer!

-¿Estás seguro? Llevas un vestido.

Abdullah miró hacia abajo y descubrió que, de la manera que funcionan los sueños, vestía su camisa de noche.

-Esto es simplemente mi extraño atuendo extranjero -explicó rápidamente-. Mi verdadero país está lejos de aquí. Te aseguro que soy un hombre.

-Oh, no -dijo decididamente-. No puedes ser un hombre. Tu figura no se asemeja a la de uno. Los hombres por completo son el doble de anchos que tú, y sus estómagos sobresalen en un trozo hinchado al que llaman barriga. También tienen pelo gris por toda la cara y sus cabezas están desnudas y brillan. Al igual que yo, tienes pelo en la cabeza y casi nada en la cara. -Entonces, mientras Abdullah ponía su mano algo indignado en los seis pelos de su labio superior, preguntó-: ¿o tienes piel desnuda bajo tu sombrero?

-Ciertamente no -respondió Abdullah, que estaba orgulloso de su espeso y ondulado cabello. Se llevó la mano a la cabeza y se quitó lo que resultó ser su gorrito de noche-. Mira.

-Ah -dijo ella. Su adorable cara mostraba extrañeza-. Tienes el cabello al menos tan bonito como el mío. No lo entiendo.

-No estoy seguro de que yo lo haga, tampoco. ¿Pudiera ser que no hayas visto a muchos hombres?

-Por supuesto que no. No seas idiota. ¡Solo he visto a mi padre! Pero le he visto mucho, así que yo sé de lo que hablo.

-¿Pero nunca sales para nada? - preguntó Abdullah atónito.

Ella se rió.

-Sí, ahora estoy afuera. Este es mi jardín nocturno. Mi padre lo hizo construir para que no arruinara mi belleza exponiéndome al sol.

-Quiero decir al pueblo, para ver a toda la gente -explicó Abdullah.

-Bueno, no, aún no -admitió. Como si esto la molestase un poco, se dio la vuelta y se alejó de él y se fue a sentar al borde de la fuente. Girándose para mirarle, dijo-: Mi padre me dice que tal vez pueda salir alguna vez a ver el pueblo cuando esté casada. Eso si mi esposo me lo permite, claro, pero que no será este pueblo. Mi padre está arreglando para mí un matrimonio con un príncipe de Ochistan. Hasta entonces, por supuesto, tengo que permanecer entre estas paredes.

Abdullah había oído que algunas de las personas más ricas de Zanzib mantenían a sus hijas, e incluso a sus esposas también, casi prisioneras dentro de sus enormes casas. Él había deseado muchas veces que alguien encerrara de esa manera a la hermana de la primera esposa de su padre, Fátima. Pero ahora, en su sueño, le pareció una costumbre completamente irrazonable y completamente injusta para esta adorable chica. ¡Imagínate no saber cómo es un joven normal!

-Perdona mi pregunta, pero... ¿es el Príncipe de Ochistan tal vez un viejo algo feo?

-Bueno... -dijo ella, evidentemente no del todo segura-. Mi padre dice que está en lo mejor de la vida, igual que él mismo. Pero creo que el problema yace en la brutal naturaleza de los hombres. Si otro hombre me viera antes que el príncipe, mi padre dice que se enamoraría instantáneamente de mí y me llevaría lejos, lo que arruinaría los planes de mi padre, naturalmente. Dice que los hombres son grandes bestias. ¿Eres una bestia?

-Para nada -dijo Abdullah.

-Eso mismo pensé yo -comentó ella, y le miró con gran consternación-. No me parece que seas una bestia. Eso me demuestra que no puedes ser realmente un hombre -Evidentemente ella era una de esas personas a las que les gusta agarrarse a una teoría una vez la han pensado. Después de considerarlo un momento, preguntó-: ¿Puede ser que tu familia, tal vez, por sus propias razones, te hayan llevado a creer esa mentira?

A Abdullah le hubiese gustado decir que la viga estaba en su ojo, pero como eso le pareció excesivamente maleducado, simplemente negó con la cabeza y pensó cuán generoso por su parte era estar tan preocupada por él y cómo la preocupación en su cara sólo la hacía más bella, por no hablar de la manera en que sus ojos brillaban compasivos en la luz dorada y plateada que se reflejaba en la fuente.

-Tal vez tenga que ver con el hecho de que seas de un país distante -reflexionó, y dando unas palmaditas en el borde de la fuente a su lado continuó-. Siéntate aquí y cuéntamelo todo.

-Dime primero tu nombre -dijo Abdullah.

-Es un nombre bastante tonto -dijo nerviosa-. Me llamo Flor-en-la-Noche.

Era el nombre perfecto para la chica de sus sueños, pensó Abdullah. La observó admirado.

-Mi nombre es Abdullah.

-¡Incluso te dieron el nombre de un hombre! -exclamó indignada Flor-en-la-Noche-. Siéntate y cuéntame.

Abdullah se sentó en el poyete de mármol a su lado y pensó que era su sueño hecho realidad. La piedra estaba fría. La fuente salpicaba calando su camisa de noche, mientras el dulce olor a agua de rosas de Flor-en-la-Noche se mezclaba de forma real con el aroma de las flores del jardín. Pero dado que era un sueño, sus fantasías aquí también eran verdad. Así que Abdullah le contó acerca del palacio en el que había vivido como príncipe y cómo fue secuestrado por Kabul Aqba y escapó al desierto, donde el mercader de alfombras le encontró.

Flor-en-la-Noche escuchó con completa simpatía.

-¡Qué aterrador!¡Qué agotador! ¿Puede ser que tu padre adoptivo estuviera de acuerdo con los bandidos para engañarte?

Abdullah tenía el creciente sentimiento, a pesar del hecho de que solo estaba soñando, de que estaba consiguiendo su simpatía con falsedades. Aceptó que su padre pudo haber estado en la nómina de Kabul Aqba y entonces cambió el tema.

-Volvamos a tu padre y sus planes. Me parece algo raro que debas casarte con el Príncipe de Ochistan sin haber ningún otro hombre con quien compararle. ¿Cómo vas a saber si le amas o no?

-Tienes razón. Eso también me preocupa, a veces.

-Entonces déjame decirte algo -dijo Abdullah-. Supón que vuelvo mañana por la noche y traigo imágenes de tantos hombres como pueda encontrar. Eso debería darte algún estándar con el que comparar al Príncipe.

Sueño o no, Abdullah no tenía absolutamente ninguna duda de que volvería el día siguiente. Esto le daría una excusa apropiada

Flor-en-la-Noche consideró dudando esta oferta, balanceándose hacia delante y atrás con las manos rodeando sus rodillas. Abdullah casi pudo ver filas de gordos y calvos con barbas grises pasar delante del ojo de su mente..

-Te aseguro que los hombres vienen en todo tipo de tamaños y formas.

-Entonces eso sería muy instructivo -aceptó ella-. Como mínimo, me dará la excusa para verte otra vez. Eres una de las personas más simpáticas que he conocido.

Esto hizo que Abdullah estuviera aún más decidido a volver mañana. Se dijo que sería injusto dejarla en tal estado de ignorancia.

-Y yo pienso lo mismo de ti -dijo tímido.

En ese momento, para su desconsuelo, Flor-en-la-Noche se levantó para irse.

-Ahora tengo que volver adentro. Una primera visita no puede durar más de media hora, y estoy casi segura de que has estado aquí el doble de tiempo. Pero ahora que nos conocemos, la próxima vez puedes estar como mínimo dos horas.

-Gracias. Lo haré -dijo Abdullah.

Ella sonrió y se fue como un sueño, más allá de la fuente y tras dos frondosas matas floridas.

Después el jardín, la luz de la luna y los aromas parecían más bien insulsos. Abdullah no podía pensar en nada mejor que vagar de vuelta por el camino que había venido. Y allí, en el claro de luna, encontró la alfombra. Se había olvidado de ella por completo. Pero dado que estaba también en el sueño, se tumbó sobre ella y se durmió.

Se despertó horas después con la cegadora luz del día entrando a través de las grietas de su tienda. El olor del incienso del día anterior flotando en el aire le resultó barato y sofocante. De hecho, el puesto en sí era maloliente, anticuado y barato. Y tenía dolor de oídos porque su gorro de dormir parecía haberse caído durante la noche. Pero, al menos, descubrió que mientras buscaba el gorro la alfombra no había escapado por la noche. Seguía debajo suya. Esa fue la única cosa buena que pudo ver en lo que repentinamente le pareció una vida completamente vacía y deprimente.

En ese momento Jamal, que aún estaba agradecido por las monedas de plata, gritó fuera que el desayuno estaba listo para ambos. Abdullah alegremente descorrió las cortinas de la tienda. Los gallos cantaban en la distancia. El cielo brillaba azul, y fuertes rayos de luz solar atravesaban como un cuchillo el polvo azul y el viejo incienso dentro de la tienda. Incluso en aquella fuerte luz, Abdullah no pudo descubrir su gorro de dormir. Y estaba más deprimido que nunca.

-Dime, ¿no sientes a veces que en algunos días te encuentras inexpresablemente triste? -preguntó a Jamal mientras ambos se sentaban al sol con las piernas cruzadas para comer.

Jamal cariñosamente dio un trozo de pasta azucarada a su perro.

-Hubiese estado triste hoy si no hubiera sido por ti. Creo que alguien pagó a esos malditos críos para robarme. Fueron tan cuidadosos... Y encima, la Guardia me multó. ¿Te lo puedes creer? Creo que tengo enemigos, amigo mío.

Aunque esto confirmó las sospechas que Abdullah tenía acerca del extraño que le vendió la alfombra, no era de mucha ayuda.

-Tal vez deberías tener más cuidado con a quién dejas que tu perro muerda.

-¡Yo no! -dijo Jamal-. Soy firme defensor del libre albedrío. Si mi perro elige odiar a toda la raza humana excepto a mí, debe ser libre de hacerlo.

Después del desayuno, Abdullah buscó de nuevo su gorro de dormir. Simplemente no estaba allí. Intentó recordar la última vez que había pensado que lo llevaba puesto. Fue cuando se tumbó para dormir la noche anterior, cuando estaba pensando en llevar la alfombra al Gran Visir. Después vino el sueño. Descubrió que seguía llevándolo puesto entonces. Recordó quitárselo para mostrar a Flor-en-la-Noche (¡Qué nombre más delicioso!) que no era calvo. Desde ese momento, según pudo recordar, llevó el gorro en su mano hasta el momento en que se sentó a su lado en el borde de la fuente. Después de eso, cuando contó la historia de su secuestro por parte de Kabul Aqba, tenía el claro recuerdo de agitar ambas manos libremente, y supo que el gorro no estaba en ninguna. Las cosas sí desaparecían así en sueños, lo sabía, pero la evidencia apuntaba, igualmente, a haberlo soltado al sentarse. ¿Era posible que lo hubiese dejado en el césped cerca de la fuente? En cuyo caso..

Abdullah se quedó parado en el centro de la tienda, mirando lo rayos de luz solar que, extrañamente, ya no aparecían llenos de escuálidas motas de polvo e incienso viejo. En vez de eso, eran trozos dorados del mismo paraíso.

-No fue un sueño -dijo Abdullah.

De alguna manera su depresión había desaparecido por completo. Incluso respirar era más fácil.

-¡Era real!

Se quedó pensando, mirando fijamente a la alfombra mágica. También ella había aparecido en el sueño. En ese caso...
-Significa que me transportaste al jardín de algún rico mientras dormía. Tal vez hablé y te lo ordené en sueños. Es muy posible. Estaba pensando en jardines. ¡Eres más valiosa de lo que pensaba!

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